CELDA DE CASTIGO

´La Berlina´ del Man: Rimsky Sucre B.

En el Cuartel Central, frente a las oficinas del excomandante jefe Manuel Antonio Noriega, se encontraba una celda con cuatro lados: tres de barrotes de acero y el otro de concreto, con piso y techo de mampostería. Ubicada dentro de una habitación sin ventanas y muy fría, gracias al eficiente y bien mantenido acondicionador de aire. En esta celda o “Berlina”, las víctimas solo cabían de pie, podían recostarse a los lados pero nunca sentarse, ni añingotarse, mucho menos acostarse. Todos, luego de 2 o 3 días sucumbían, vencidos por el agotamiento, el hambre y las denigrantes defecaciones y orinas incontinentes, aderezadas por los acosos del “orejita Ruiz”.

No hago estas reflexiones para retrotraer los vejámenes sufridos por pacientes y familiares ni a las denuncias hechas por víctimas psicológicas y físicas de unas décadas pasadas. ¡Claro que no!

Es que al ver los preparativos e inversiones del erario público en los aposentos de la cárcel de El Renacer para recibir a quien, paradójicamente, fue perdonado varias veces –pero nunca perdonó–, recordé este recoveco de tortura que en Panamá denominamos “Berlina”, y decidí buscar el significado de la palabra, sus raíces etimológicas y uso, con la sorpresa que esta no está relacionada con cárceles o prisiones más que por coincidencias literarias ocasionales.

Es así que en las biografías de María Antonieta de Habsburgo, reina de Francia y Navarra (personaje bello y también patético del siglo XVII) se realza con frecuencia su “berlina”, concepción francesa o latina del término, que hace referencia a un carruaje, usualmente de cuatro plazas, lujosamente decorado y tirado por corceles; en el caso de María Antonieta, de colores verde y amarillo (dorado), en su interior. La Revolución Francesa, con sus aciertos y desaciertos, la llevó a la guillotina el 12 de octubre de 1793, pero ya en este, su ocaso, se describe... “conducida hacia el cadalso en una deslucida carreta” (S. Zweig). Este término se utiliza con frecuencia hasta nuestros días en relación a automóviles y carros.

En la acepción germánica se refiere a un dispositivo de madera o tabla que sujetaba a los condenados por el cuello y los exponía, vergonzosamente, ante el público; muy parecida al cepo que aún se utiliza en áreas indígenas de nuestro país, con la diferencia que en este, el individuo queda preso por manos y pies.

Sugiero que este significado panameño, de tan denigrante cárcel, sea incluido en los diccionarios de todos los idiomas en recordación a tiempos, hechos y cosas que nos deben avergonzar, y para que no se repitan. Claro está que no podemos pasar por alto otras celdas de la época como “La Chiquita” de la Cárcel Modelo y “La Oscurita” del antiguo Deni, en la Avenida “B”, esta última por la que se dice pasaron las víctimas de la masacre de Albrook.

Qué coincidencia, recordar a “La Berlina” y estas cosas de las que disfrutaba el Man, mientras se invierte en sus aposentos y se aboga por otro perdón.

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