MUNDO EMPRESARIAL

Cambiar la forma de hacer negocios: Diana Medina

Varias veces me han preguntado si yo, de verdad, creo que las empresas han cambiado su visión de responsabilidad social para migrar a esquemas más eficientes, como el que promueve el concepto de “valor compartido”, de Michael Porter, o solo es una moda más que pasará sin producir una transformación real en el modelo de hacer negocios.

Desde mi perspectiva, ese cambio ya empezó. Las organizaciones en busca de obtener mayores beneficios se han percatado de que esa meta es cada vez más complicada, porque implica no solo ganarle a la competencia (del mundo entero, gracias a la globalización) y asegurarse los recursos (todos), sino que además requiere edificar una verdadera relación con sus audiencias estratégicas, que hoy demandan no solo productos y servicios de calidad, sino comportamientos éticos, ambientales y sociales que contribuyan a mejorar las condiciones de vida del entorno en el que desempeñan su actividad.

Hoy es claro, para cualquier compañía, que su principal activo es la “confianza” de sus audiencias estratégicas. Este valor, que antes se ganaba solo a fuerza de generar buenos productos y servicios, hoy pasa por un escrutinio permanente, en el que el público evalúa el comportamiento “ciudadano” de las empresas antes de decidirse a comprar lo que ellas venden.

Manejo ambiental y social, gerencia del talento, relación con sus accionistas y conducta ética en los negocios, son algunos de los indicadores que marcan la evaluación que las audiencias hacen hoy de las empresas.

Este cambio de visión ha sido apoyado por la incorporación de la gestión de riesgo como práctica gerencial, en la búsqueda de planificar a largo plazo, desplazando el foco de la generación de utilidades a la creación de valor.

Una empresa que evalúa sus riesgos es capaz de mirar su entorno desde otra perspectiva y diseñar estrategias que le permita comenzar a mitigar cualquier alerta desde las etapas más tempranas.

Los riesgos que para las industrias ha traído el incremento de los costos de la energía y la contaminación producida por los combustibles fósiles ha tenido importantes repercusiones en la manera de gerenciar y planificar. Muchas compañías han comenzado a optimizar sus cadenas de suministro y distribución creando clusters para aprovechar las potencialidades de las zonas cercanas a la producción y disminuir los costos de combustible que implicaba movilizar materias primas y/o suministros. Esto genera como consecuencia inmediata externalidades positivas hacia el ambiente, pero también hacia la innovación y el emprendimiento productivo, creando nuevos polos de desarrollo y una disminución en la huella de carbono de estas organizaciones.

Aún hay mucho camino que recorrer, pero puedo decir que cada día me encuentro con más empresarios y empresarias dispuestos a repensar sus negocios, diseñando acciones que les permitan crear valor, garantizar la sostenibilidad y promover el desarrollo de los lugares en donde operan.

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