CONTAMINACIÓN

Cambio climático y de actitud: Rafael Negret

El promedio de uso de una bolsa plástica recibida en un supermercado o centro comercial es de 15 minutos. Después la desechamos y para degradarse –no biodegradarse porque no toda es orgánica– requiere siglos de toxicidad y contaminación. Y aunque no las veamos son omnipresentes en el suelo, en el agua, en el aire, engarzadas en los cables del teléfono y las ramas de los árboles; en las orillas de los ríos, en los sistemas de alcantarillado y drenaje; en el lago Gatún, en el Canal, en las pistas de aterrizaje, en los archipiélagos destruyendo los corales y asfixiando las tortugas. Otras flotan alrededor de las lanchas turísticas y de las islas Guna Yala, Coiba y Las Perlas. Fueron introducidas gratuitamente al mercado mundial en 1970, como una gran invención y aporte a nuestra sociedad de consumo, despilfarro y comodismo. Se sabía para qué servían, pero no el daño que ocasionarían.

Hay una isla de basura en el Pacífico –“Vórtice de plástico”– de 692 mil km2. Panamá tiene 75.517 Km2. Hay 18 mil bolsas plásticas en cada kilómetro de cualquier océano y cerca de 100 mil mamíferos marinos, un millón de aves y miles de tortugas mueren anualmente al ingerirlos o quedar atrapados en su trama.

Se calcula que en Panamá 500 millones de bolsas son utilizadas y desechadas al ambiente cada año. Su producción consume enormes cantidades de energía, las tintas utilizadas pueden contener metales pesados y no existen en el país empresas que las reciclen.

Para buscar soluciones al grave problema se requiere la participación del Estado, de la industria y de la sociedad civil y así incorporar esta problemática social y ambiental en las políticas nacionales. Existen valiosos ejemplos en diferentes países otorgando estímulos tributarios y financieros a empresas que apliquen medidas de control de las bolsas plásticas y a la creación de empresas recicladoras. También estimulando y apoyando con cooperativas a los pepenadores o recolectores callejeros de basura, quienes trabajan en convenios con las empresas recicladoras y con el comercio en general. Reciclar el valor de estos ciudadanos y sus familias valorándolos en lugar de ser tratados como desechables.

Algunos gobiernos han sustituido impuestos discutibles por otros más justos y necesarios, como por la contaminación, la basura y las aguas residuales. Estrategia gubernamental para hacer responsables a aquellas empresas que colocan el envase desechable, en lugar de reciclable; a las que arrojan a los ríos sus residuos venenosos; a las comercializadoras de agrotóxicos que destruyen la vida de los suelos, exterminan la biodiversidad y envenenan los alimentos. Estos son principios de los impuestos verdes y del que contamina paga.

Para el Estado panameño y la nación es un compromiso ineludible empezar a controlar y reciclar la basura, porque los beneficios son sociales, ambientales, económicos y políticos. Ojalá estas sugerencias sirvan de estímulo y reflexión para que las autoridades, organizaciones no gubernamentales y la población civil asuman y ejecuten tan inaplazable urgencia y den inicio a un proceso de implementación de sustentabilidad del desarrollo.

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