POLÍTICA EXTERIOR

Capacidades analíticas: Carlos Guevara Mann

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Desde que recuerde, hay crisis en el ámbito internacional. En los días que transcurren, somos testigos del más reciente capítulo de un conflicto sin fin entre árabes e israelíes, cuyo resultado ha sido la muerte de cientos de personas en la franja de Gaza. En Ucrania, las andanzas belicosas del separatismo prorruso produjeron el aparatoso derribo de un avión comercial malasio y el criminal deceso de todos sus pasajeros.

Estos hechos violentos, que desconciertan y entristecen, son el signo, no de una época, sino de la historia de la humanidad. Cuatrocientos años antes de Cristo, en su Historia de la guerra del Peloponeso, el escritor y militar ateniense Tucídides describió un entorno internacional plagado de contiendas.

Siglos más tarde, Maquiavelo, en su célebre tratado de política titulado El príncipe (1513), caracterizó el ámbito internacional (lo mismo que la esfera interna) como una sucesión de traiciones, violencia y maldades en la búsqueda insaciable por el poder.

¿Cómo le conviene a Panamá operar en este medio anárquico y complejo? Un país pequeño, sin vocación ni posibilidades de conquista, pero cuya economía depende de los servicios internacionales y a cuyo bienestar contribuye un contexto más pacífico y armónico entre los pueblos, debe tener políticas claras y efectivas para funcionar adecuadamente en el mundo que nos toca vivir.

El apego y apoyo al Derecho Internacional es una opción lógica en este sentido. Además, el análisis permanente de las cuestiones internacionales y la determinación de su posible impacto sobre nuestro país es una tarea fundamental e imprescindible.

Para esta labor, sin embargo, estamos muy poco preparados. Como bien lo apuntó el Dr. Omar Jaén Suárez en una columna publicada en El Panamá América (3 de mayo de 2009), faltan en la Cancillería y el servicio exterior las capacidades y destrezas necesarias para analizar la información, elaborar las estrategias y tomar las decisiones que más convienen a nuestros intereses.

La política del botín que impera en nuestro medio afecta de manera particularmente lamentable a la Cancillería y el servicio exterior. Muchos funcionarios panameños son advenedizos, que por deudas políticas han logrado colarse en el engranaje del Ministerio y se han convertido en el hazmerreír de los círculos diplomáticos por las evidentes carencias en su formación, lo mismo que por su conducta inapropiada y chabacana.

El resultado es una incapacidad para advertir las oportunidades y riesgos que se nos plantean, y transmitirlos adecuadamente al jefe del ramo y al presidente de la República, quien por mandato constitucional dirige las relaciones exteriores, para una correcta evaluación de las situaciones internacionales.

En la reciente visita del presidente de Colombia (25 de julio), por ejemplo, se acordó reactivar el proyecto de interconexión eléctrica. A primera vista la decisión parece acertada para resolver el grave problema de desabastecimiento, pero hay ángulos que deben considerarse con cuidado, como lo son la creación de una posible dependencia energética y las implicaciones que para la seguridad ciudadana tendría la construcción de una línea de transmisión que nos conecte con los centros de despacho en Colombia.

Esta línea abrirá una vía de comunicación efectiva entre ambos países, que puede ser usada tanto para fines benéficos como para propósitos delictivos.

Panamá, por otra parte, debe reevaluar la cooperación con Colombia en materia de seguridad, a fin de impedir que siga propiciando la militarización de nuestra Fuerza Pública. También debe pedir al gobierno de Bogotá que tome en serio los reclamos panameños sobre el arancel aplicado a las reexportaciones de calzado y textiles de la Zona Libre, caso que Panamá llevó ante la Organización Mundial del Comercio pero que pudiese resolverse amistosamente.

Los flujos migratorios de Colombia hacia Panamá deben ser cuidadosamente considerados, a fin de que propendan al desarrollo de ambos Estados. Hace rato, además, que nuestro país debió deportar a Colombia a la delincuente María del Pilar Hurtado, una medida que nos hubiese permitido presentarnos ante la comunidad internacional como un Estado respetuoso del Derecho Internacional y los derechos humanos.

Una mayor capacidad analítica y vocación de servicio advertiría estos y otros puntos importantes en nuestras relaciones exteriores, para beneficio de nuestros intereses nacionales. Ojalá el presidente Varela y la canciller de Saint Malo se empeñen en lograr el mejoramiento de estas destrezas, como lo han prometido.

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