BUENOS MODELOS

Ciudadanos ejemplares: Edgardo Lasso Valdés

Parece que los panameños hemos perdido el sentido de las proporciones, del buen gusto y las costumbres, así como del respeto a las leyes y reglamentos que deben ser acatados por todos, sin excepción, para una sana y pacífica convivencia social.

Las palabras vulgares y groseras en boca de hombres y mujeres se utilizan con demasiada frecuencia, tanto en lugares públicos como en la radio y la televisión.

La participación en actos de corrupción, tanto públicos como privados, sin el menor asomo de vergüenza o arrepentimiento, es cada día más frecuente entre hombres y mujeres, sean funcionarios o empresarios.

Cada año aumenta el número de automóviles, tanto de uso privado como comercial, que circulan con placas vencidas, como prueba de la irresponsabilidad de sus dueños, al no acatar las leyes que los obligan a pagar anualmente un impuesto para transitar por las vías públicas del territorio nacional. Además, las leyes internacionales que prohíben obstruir el libre tránsito son ignoradas por completo, por un número cada vez mayor de conductores de diferentes edades y sexos.

Se obvia la vestimenta formal para asistir a diferentes actos sociales, así vemos el espectáculo bochornoso de hombres maduros con pantaloncitos cortos y mujeres con minifaldas que asisten a las iglesias. Obviamente, los pantaloncitos cortos, en el caso de hombres de cierta edad, es la vestimenta apropiada para un día de campo o pesca, y, en el caso de las damas, las faldas cortas son para ir a discotecas o una fiesta familiar, donde la exhibición de piernas y ropa íntima no llame tanto la atención de los demás.

Algunos críticos del comportamiento en sociedad de los jóvenes lo atribuyen a deficiencias de la enseñanza en las escuelas, pero se olvidan que la primera escuela que conocen sus hijos se llama el hogar. El comportamiento social, la vestimenta, el vocabulario se aprenden desde muy niños, con sus padres. Son los padres con su ejemplo los que sientan las bases de ética, moral, civismo y respeto a las leyes de la sociedad. Si los niños se educan en un ambiente de cariño y respeto, donde se inculcan las buenas costumbres, la honestidad, el respeto, el derecho ajeno, serán personas honorables y ejemplos a imitar por su círculo social.

Ojalá que la juventud moderna aprenda a imitar los buenos ejemplos de los mayores y a descartar todo lo negativo de ciudadanos deshonestos, solo así podemos visualizar un futuro con dignidad y decoro.

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