RETOMAR LOS VALORES

Civismo 101: Amarilis A. Montero G.

Una mañana de principios de este mes de enero, el pueblo panameño se disponía a presenciar los actos de recordación de la gesta de los mártires de 1964. El 9 de enero de 2014 era la fecha propicia para demostrar el sentir y honrar la memoria de aquellos que quisieron llevar la bandera nacional a la Zona del Canal. Sin embargo, ese día fuimos testigos de hechos bochornosos que me hacen preguntar: ¿En qué sociedad vivimos y qué parámetros de conducta seguimos?

Las pantallas de televisión transmitieron las lamentables imágenes de algunos dirigentes comunitarios de Colón que se enfrentaron a golpes con los organizadores de los actos cívicos en esa provincia. Fue una total falta de civismo y sentido común. Muchos de nuestros males radican en no seguir ese simple factor social que nos hace convivir bajo normas de conducta apropiadas que se reflejan en nuestra educación, conciencia ciudadana y respeto a nuestros congéneres. Los vergonzosos incidentes me llamaron la atención, porque comprobé que no todos nos manejamos con esa conciencia y sentido de colectividad. Los actos del 9 de enero debieron ser solemnes y respetuosos, pero no fue así.

Si buscamos la esencia del comportamiento del panameño, en general, muchos dirán que está controlado por el oportunismo. Existe una tendencia a la individualidad y a la conveniencia personal sin importar si se afecta a terceros. Por ejemplo, no hay momento, sea en una fila de banco o supermercado, en el tráfico o en las paradas de buses, que no nos encontremos con alguien que quiere pasarse para adelantar puestos. Ya es común que muchos dueños de automóviles se estacionen como les da la gana y que utilicen las luces intermitentes para detenerse en cualquier lado. Son acciones que muchos consideran “normales” en los panameños, pero nada que implique una violación al derecho de los demás puede ser considerado normal. El problema está en que nos acostumbramos a aceptar las conductas que violan las normas morales y éticas de la colectividad. Si así estamos en el comportamiento social, en la política es de veras preocupante. A solo meses de unas elecciones generales, las masas se concentran para apoyar a sus candidatos de preferencia. Con promesas de “Un Panamá mejor” y “Más cambios”, entre otras frases que contaminan la visión y la audición. El ciudadano es blanco de toda clase de ofrecimientos y promesas. Aunque una campaña política debe buscar el bien colectivo, algunas personas piensan que es la oportunidad para aprovecharse de algo. La triste realidad es que los electores buscan desde un sencillo trabajo hasta un ministerio a cambio de votos y apoyo. ¿Dónde quedó el voto a conciencia? Esta es una de las razones para volver a lo más básico del civismo. Sin una colectividad comprometida para buscar (y lograr) el bien de todos, cada cual procurará sacar el mejor provecho del candidato que más ofrezca. Y así vamos enseñando que el civismo es cosa del pasado y que un voto tiene su precio. Hay que reforzar la conciencia ciudadana en urbanidad, educación y cortesía, que no es otra cosa que el respeto al prójimo y la decencia de todos. Debe ser una exigencia individual. Al fin y al cabo, ¿quién quiere vivir en una sociedad donde no se respeta a nadie?

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