´GOBERNABILIDAD´

Componenda desacertada: Carlos Guevara Mann

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Si el Partido Panameñista me pidiera una charla para la formación de sus “cuadros” (que falta le hace), comenzaría por referirme a El Príncipe de Maquiavelo. Es más, pondría como condición que todos los asistentes a dicha supuesta e imaginaria charla de formación leyesen El Príncipe antes de presentarse al evento.

Iniciaría mi intervención poniéndoles a los concurrentes una “plana”, como se hacía en el colegio cuando teníamos mala conducta. Los haría escribir, no 100 sino 1000 veces, en mayúscula cerrada y resaltado, esta cita del capítulo III: “El que ayuda a otro a hacerse poderoso causa su propia ruina”.

Luego, ilustraría la sentencia de Maquiavelo con episodios relevantes de la vida del Dr. Arnulfo Arias Madrid, innumerables veces traicionado desde los inicios hasta las postrimerías de su vida política.

¿A qué viene todo esto? Usted, que es un lector inteligente, no tendrá que hacer un esfuerzo sobrehumano para discernirlo. En aras de una pretendida “gobernabilidad”, que de eso nada tiene, el Partido Panameñista (y su aliado coyuntural, el Partido Popular) realizó un pacto nefasto, antihistórico y repelente con el PRD, el partido de la dictadura, la misma dictadura que defenestró al Dr. Arias, persiguió a sus seguidores, descuartizó a los combatientes panameñistas de Chiriquí y otras partes del país, eliminó el gobierno republicano, saqueó el erario, traficó armas y drogas, le robó la elección presidencial a Arnulfo Arias en 1984 para ponerle la banda al impostor impuesto por los cuarteles y suprimió, durante 21 años, los elementos democráticos de nuestro sistema político.

Como resultado de ese acuerdo, tres de los más desacreditados perredistas ascendieron a cargos principales en la directiva de la Asamblea Nacional, varias comisiones permanentes fueron entregadas al PRD y, como si todo eso no fuese suficiente, se ha nombrado a miembros de ese partido en el servicio exterior y otras posiciones gubernamentales, en detrimento de panameñistas e independientes, honrados y capaces, que pudiesen llevar a cabo funciones de gobierno con mucha más solvencia y corrección que la manga de rufianes cuyo encumbramiento, tristemente, ha patrocinado el actual gobierno.

Se aduce que dicho pacto –que está siendo “renegociado” cuando escribo estas líneas– es necesario para lograr la aprobación de las leyes y nombramientos que el presidente Varela requiere para gobernar. En la práctica, lo que ha conseguido esa alianza es darle oxígeno a un partido moribundo, relegado por el electorado al tercer lugar en la elección presidencial, y proveer las condiciones para que en la primera oportunidad le propine al oficialismo un zarpazo fulminante.

Alentado por el salvavidas que le lanzaron los ingenuos panameñistas, que parecen ni siquiera conocer la historia de su partido ni la biografía de su líder máximo, el PRD no pierde oportunidad para socavar al gobierno. Cobra por aprobar cada iniciativa que plantea el presidente Varela, frustrando así una de las principales aspiraciones de la ciudadanía, la de limpiar la política.

Tranca el funcionamiento del órgano del Estado que el oficialismo le entregó en bandeja de plata (la Asamblea Nacional) cada vez que las cosas no caminan allí según los designios de la pandilla mafiosa que controla al PRD. Impulsa, además, su propia agenda legislativa, que no coincide con la del gobierno (ni, mucho menos, con las expectativas ciudadanas).

Pretende reformar el sistema electoral para satisfacer sus ambiciones, adueñarse del Ministerio Público, la Contraloría General de la República, la Caja de Seguro Social (el botín mayor) y solo Dios sabe qué más.

Sus actuaciones, comenzando por la entrega de la Asamblea a personajes que no gozan de la confianza ciudadana. Permitir, como lo permitió el panameñismo, que sujetos con prontuario policivo dominen la agenda legislativa del país es una monumental sinrazón.

El desgaste que esta alianza le causa al oficialismo ya es evidente. Peor aún, en la primera oportunidad el PRD, que no cesa de conspirar contra el gobierno, arremeterá contra el Partido Panameñista, atribuyéndole todos los males que invariablemente sobrevendrán al país como resultado de la componenda desacertada que el panameñismo realizó con los mandaderos de los militares.

“El que ayuda a otro a hacerse poderoso causa su propia ruina” (Maquiavelo). ¿Cuándo lo entenderán el presidente Varela y sus colaboradores?

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