INCONSCIENCIA

Compra de votos, fraude electoral: Alfredo Spiegel Calviño

Según F. Schaffer, de la Universidad de Harvard, “comprar votos, en sentido literal, es un sencillo intercambio económico. Los candidatos los “compran” y los ciudadanos los “venden”. El acto de compra, conforme a esta perspectiva, es un contrato o, tal vez, una subasta en la que los votantes venden sus votos a la oferta más alta.

Según refiere la siguiente anécdota, la compra de votos no es novedad; don Álvaro de Figueroa y Torres, conde de Romanotes, fue elegido diputado ininterrumpidamente por la circunscripción de Guadalajara (España) desde 1891 hasta 1923 por el Partido Liberal. En cierta ocasión, don Antonio Maura, del Partido Conservador, decidió disputar el escaño al conde. Se presentó en Guadalajara y allí se le informó que el conde de Romanotes ofrecía a cada elector dos pesetas por voto. Muy bien, dijo Maura. Si Romanotes paga el voto a dos pesetas, yo lo pagaré a tres. Y, dicho y hecho, Maura empezó a comprar los votos a tres pesetas. Días después, Romanotes llegó a Guadalajara, como siempre, a repetir la jugada. Pero cuando hubo llegado se le informó que Maura se le había adelantado y, además, había ofrecido tres pesetas por voto. Romanotes fue localizando a los electores que habían sido tentados por Maura y, uno por uno, les iba diciendo: Toma un duro (cinco pesetas) y dame las tres pesetas de Maura. El resultado fue que Romanotes arrasó, los electores se embolsaron cada uno cinco pesetas y a Romanotes los votos le costaron a dos, como de costumbre.

Y es que los partidos y candidatos que ofrecen beneficios materiales a los votantes para comprar apoyo político, no tienen certeza alguna en cuanto al cumplimiento del vendedor, puesto que la compra de votos es un negocio ilícito, un fraude electoral y un engaño a la ciudadanía.

El año pasado, los magistrados del Tribunal Electoral decidieron de forma unánime convocar a nuevas elecciones en la comunidad de El Bebedero de Tonosí, tras comprobar la compra de votos a cambio de materiales de construcción. El fraude electoral no es solo la compra de votos, es también alterar los resultados del conteo final. Como ejemplo de este tipo de fraude podemos citar las elecciones de 1984 entre el oficialista Nicolás Ardito Barleta y el opositor Arnulfo Arias Madrid. A pesar de que el presidente del Tribunal Electoral, César Quintero, declaró que hubo “un pequeño fraude”, el TE proclamó ganador al candidato del PRD por mil 713 votos. El hecho se confirmó posteriormente, cuando el coronel (r) Roberto Díaz H. lo denunció ante los medios de comunicación.

Pero la compra de votos (o de conciencia), no solo se da en elecciones populares. Hay que recordar que el 16 de enero de 2002, el entonces legislador del PRD, Carlos Tito Afú denunció el pago de coimas a directivos y legisladores de ese partido político, para que votaran a favor de la aprobación del Cemis. Y, en este gobierno, se repite en la Asamblea la compra-venta de diputados, llamados tránsfugas o pavipollos, para pasar de la bancada opositora a la oficialista y obtener la mayoría de votos.

Algunos justifican la venta de votos, aduciendo que ese beneficio económico, sería lo único que recibirían los votantes de forma directa de los políticos, sin embargo, este ejercicio riñe con la más elemental regla ética: la honestidad.

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