DETERIORO SOCIAL

Congoja y miseria en Colón: Jorge Luis Macías Fonseca

Observar a la ciudad de Colón obliga a detenerse para ubicarla en el presente, que no es promisorio. El pasado le reconoció su rol histórico situándola en un excelente lugar en el país. El futuro es incierto. Nada bueno pareciera esperarle.

Colón fue en su momento un área especial que mereció la ponderación de propios y extraños. Calles bien trazadas, edificios sencillos, con una arquitectura de influencia francesa; casas de madera, organizadas y limpias; parques acogedores; transporte público eficiente; comercios activos y la buena iluminación de la ciudad eran muestra de una sociedad satisfecha.

En ese entorno, la institución familiar, con responsabilidad, entendía el papel que le correspondía jugar, aun cuando faltara el padre. La educación, a pesar de no tener la tecnología ni el conocimiento actual, procuró formar bien al individuo en valores; el civismo y el urbanismo cimentaron el aprecio por lo nacional y regional. El respeto ayudaba a la correcta convivencia, a la consideración por el adulto, el vecino y el maestro; además se respetaban las distintas creencias religiosas y el trabajo de las autoridades. Es obvio que no hablamos de una sociedad perfecta, pero sí de una con valores.

El presente es tremendamente desalentador y expresa una permanente regresión en todas las facetas. Aparte del descalabro moral de la familia, de los coterráneos y de la sociedad, la infraestructura de la ciudad evidencia una profunda crisis.

Las casas, casi en su totalidad, muestran un estado desastroso; algunas incluso constituyen un peligro para la vida de sus ocupantes. La basura prolifera en las calles y callejones, igualmente, las aguas con heces que hacen especies de riachuelos; los parque están abandonados y los comercios desatendidos e insalubres, principalmente, los dedicados al expendio de comidas.

Los negocios raros, surgen como hongos y ocupan de manera ilegal y hasta desordenada las aceras y avenidas. Muchas calles tienen inmensos orificios, hay grandes herbazales en terrenos baldíos, inundaciones constantes, falta de un sistema para la evacuación de las aguas, ausencia de señalización vial, estatuas y bustos abandonados y una terrible penumbra. Todos estos elementos dibujan, con certeza, el deterioro material que se vive hoy en la ciudad de Colón. De manera cínica, la ciudad está rodeada por un anillo de prosperidad formado por el puerto de cruceros, la Zona Libre, el ferrocarril, el Canal y otros puertos, pero las riquezas que generan no se quedan allí. Al parecer, las autoridades prefieren administrar miserias o, tal vez, hay complicidad con el poder económico que juega a la extinción de la urbe para implantar el proyecto de puerto libre que ambicionan. Dejar morir la histórica ciudad de Colón no es correcto ni responsable. Atender el avanzado estado de su descomposición social y material es una tarea que tenemos que asumir.

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