VIRTUDES E INTEGRIDAD.

Consejos del ingenioso hidalgo: David Médez Dutary

Es cuento frecuente decir que el mundo está cambiando. Algunos se oponen firmemente a esta consideración y alegan que los tiempos no cambian, que el hombre continúa sometido a las mismas alegrías, así como a los mismos sinsabores que la vida diaria ofrece. Prueba de esto lo ofrece la literatura universal y a través de esta, las mejores plumas nos regalan historias escritas hace varios siglos, pero que parecen tomadas del noticiario televisivo de la semana.

La Biblia, el libro más leído y de mayor distribución del planeta es un ejemplo, así como la obra cumbre del fabuloso escritor español, don Miguel de Cervantes Saavedra, Don Quijote de la Mancha. Esta magnífica obra es fuente inagotable de ingenio y motivación a la reflexión humana. Es en esta obra del inmortal Manco de Lepanto en la que he encontrado algunos pasajes y recomendaciones que creo puedan ser de interés a nuestros políticos criollos, en vista del entuerto desmedido en que se encuentran y del que las noticias hacen gala. Paso a detallar con respeto y consideración.

Esto está escrito en el tomo II, capítulo XLII. Como saben, don Quijote, nuestro loco pero sabio personaje, sale con su fiel, pero ambicioso escudero, por las llanuras de La Mancha, con la intención de crear una sociedad más justa, noble y equitativa. Abandona sus actividades diarias (en el caso de nuestros políticos, serían actividades comerciales), para servir y poner en práctica lo aprendido en libros de caballería (en el caso que nos corresponde, la experiencia política vivida en gobiernos anteriores).

Sancho, el escudero, recibió la promesa de que, llegado el momento, recibiría en pago por sus fieles servicios la gobernación de una ínsula. Y en una de sus aventuras le llegó la supuesta oportunidad por medio de un duque bromista. Ante semejante situación, un tanto inesperada, don Quijote preocupado, conociendo muy de cerca las virtudes de su escudero, pasa a dar consejos al futuro político. Veamos.

Primeramente ¡Oh hijo! Has de temer a Dios, porque en el temerle está la sabiduría, y siendo sabio no podrás errar en nada. Lo segundo, has de poner los ojos en quien eres, procurando conocerte a ti mismo, que es el más difícil conocimiento que puede imaginarse. Del conocerte saldrá el no hincharte como la rana.

Acompaña la gravedad del cargo que ejercitas con una blanda suavidad que, guiada por la prudencia, los libre de la murmuración maliciosa, de quien no hay estado que se escape.

No atribuyas a tus merecimientos la merced recibida, sino que des gracias al cielo que dispone suavemente de las cosas.

Haz gala, Sancho, de la humildad de tu linaje, y no te desprecies de decir que vienes de labradores, y préciate más de ser humilde virtuoso que pecador soberbio.

Si alguna mujer hermosa viniera a pedirte justicia, quita los ojos de sus lágrimas y tus oídos de sus gemidos, y considera despacio la sustancia de lo que pide, si no quieres que se anegue tu razón en su llanto, y tu bondad en sus suspiros.

Procura descubrir la verdad por entre las promesas y dádivas del rico, como por entre los sollozos e importunidades del pobre.

Cuando pudiere y debiere tener lugar la equidad, no cargues todo el rigor de la ley al delincuente, que no es mejor la fama del juez rigoroso que la del compasivo.

Si acaso doblares la vara de la justicia, no sea con el peso de la dádiva, sino con el de la misericordia.

Cuando te sucediere juzgar algún pleito de algún enemigo, aparta las mentiras de tu injuria y ponlas en la verdad del caso.

Si estos preceptos y estas reglas sigues, Sancho, serán largos tu días, tu fama será eterna, tus premios colmados, tu felicidad indecible, vivirás en paz y beneplácito de las gentes.

Al terminar de hablar don Quijote, Sancho escuchaba atentamente y seguramente avergonzado pues recordaba sus anteriores palabras cuando dijo, “Yo imagino que es bueno el mandar, aunque sea a un hato de ganado”.

Don Quijote, siendo el más sabio de los locos o el más loco de los sabios, pudo conocer profundamente la naturaleza humana y enfrentar las injusticias del mundo, que la gente cuerda prefiere callar y otorgar. Entiende que la felicidad plena no se puede lograr sin tener un buen nombre, gozar del reconocimiento y cariño de la gente. Practicar las virtudes, tener integridad.

No está muy lejos de lo que realmente ocurre en nuestro Panamá. La gente cuerda otorga. Nuestros políticos no tienen ni desean tener vocación de servicio, pero si vocación de servirse. Abunda la mentira, la injusticia, la inequidad, la soberbia y el juega vivo. Es obvio que nuestros políticos no se leyeron el Quijote, o tal vez lo leyeron pero no entendieron ni aprendieron nada.

Cuando tengamos el valor de evitar que la muerte no triunfe en nuestras vidas y escojamos morir cuerdos y vivir locos, entonces cabalgaremos en paz y prosperidad. ¡Que Dios nos ayude!

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