MENSAJES DISTORSIONADOS

Contaminación visual y auditiva: Querube del Carmen Henríquez U.

Si bien, sé que el término con el cual titulo la presente opinión hace alusión a la contaminación del ambiente por elementos que deterioran la imagen de este, como la basura, las vallas publicitarias y los ruidos estridentes, entre otros, consideré su uso porque su tenor literal se adecúa perfectamente al sentir que hoy transmito. Y es que en los últimos años percibo un crecimiento a pasos agigantados de este tipo de contaminación a la que me referiré y que pareciera no detenerse, invadiendo nuestros sentidos y llegando a incomodar el pudor de muchos.

Es un bombardeo diario e incesante al que nos someten ciertos agentes que convergen en nuestra sociedad; que lejos de procurar una educación dirigida a la comunidad, basada en valores, se han convertido en una especie de “bombarderos” de mensajes distorsionados y negativos.

Me refiero, por un lado, al material violento, pornográfico y de conductas distorsionadas que diariamente y a cualquier hora emiten los canales de televisión; también a las publicaciones de los tabloides, que ya no dejan nada a la imaginación, entre muertos y asentaderas femeninas; y, por último, a la exaltación que hacen esos mismos medios de conductas que distan mucho del modelo de sociedad sana a la que muchos aspiramos; por ejemplo, la brujería, la hechicería y la prostitución, entre otras. Amén de la pobre programación radial en algunas emisoras.

Y muchos dirán, “pero cada quien es libre de comprar o no un periódico; de ver equis canal de televisión, de escuchar equis o ye emisora”. Y es verdad, pero ¿qué hay de esa niñez vulnerable, de esa adolescencia ya de por sí confundida por su edad? ¿Quién vela por sus intereses?

Cuando alguien está ocioso repara en cosas que las muchas ocupaciones diarias no permiten. Cuando esto sucede, me percato del daño que se le está haciendo, sobre todo, a la niñez y a la juventud con toda esa contaminación visual y auditiva.

En la televisión, a toda hora, pasan novelas. Nunca como Carrusel, Señorita Maestra, El Abuelo y yo o Candy Candy, sino novelas que exaltan el narcotráfico como actividad rentable; la prostitución como mejor opción lucrativa para la mujer; la violencia, el adulterio, un tipo de homosexualidad que raya en la perversión, entre otras conductas negativas. En la radio, ¡ni se diga! Los espacios son conducidos por personas a las que no sé cómo se les ha otorgado una licencia radial, porque ni siquiera manejan un vocabulario adecuado. Hay emisoras que hacen programas entre sus oyentes con temas tan banales como “háblanos de tu peor borrachera”, y reciben muchas llamadas de jóvenes oyentes que cuentan, al aire, sus desafortunadas experiencias con el alcohol, porque según ellos –y así lo hace ver el conductor del programa– eso es una gracia. Y todo esto amenizado con aquella música sugestiva, que invita al sexo o a embriagarse, dando como resultado un perfecto lavado cerebral en perjuicio de jóvenes confundidos.

Y ni hablar de los tabloides que muestran derrieres “dizque” adornando contraportadas y en las portadas, un espectáculo deplorable de los “caídos” (exhiben con una insensibilidad monstruosa, pedazos o restos del desafortunado); en las páginas interiores, entremezclados con las noticias, encontramos anuncios de brujería y hechicería (te devuelven a tu ser querido dominado y a tus pies, en no sé cuantos días; te dan los números de la lotería y te preparan “menjunjes” dizque para la suerte). Amén de los “modernos” anuncios de prostitución (“colombiana sabrosita da masajes”; “dominicano caliente, que te hará soñar”; “el negro del amor te espera”, entre otras porquerías).

Qué pesar siento al ver que los intereses económicos parecen tener más fuerza que el deseo de fomentar valores en la familia panameña; que lo que atraiga más ventas sea la violencia, el sexo y la promoción de conductas desviadas; que nuestros niños y jóvenes sean víctimas inocentes de personas sin una adecuada formación, que manipulan sus mentes y hacen ver correctas las conductas que distan mucho de serlo. Pero mayor pesar me da ver que esto parece no importarle a nadie. A pesar de existir un Ministerio de Educación, otro de Desarrollo Social, de Salud (porque esto es un tema de salud pública, también), y a pesar de la iglesia y de las agrupaciones religiosas (sin distingo de credo); no se hace ningún pronunciamiento y menos se toma una acción para tratar de regular o frenar ese bombardeo nocivo. Solo queda proteger, nosotros mismos, a nuestros hijos y guiarlos con buenos ejemplos.

Comentarios

Cerrar

La función de comentar está disponible solo para usuarios suscriptores. Lo invitamos a suscribirse y obtener todos los beneficios del Club La Prensa o, si ya es suscriptor, a ingresar.

Suscríbase gratis por 30 días Prueba
Adquiera un plan de suscripción Suscríbase
Cerrar

Por favor introduzca el apodo o nickname que desea que aparezca en sus comentarios:

Comentar 0 comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial por la Democracia S.A.

Por si te lo perdiste

Última hora

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Loteria nacional

22 Jul 2018

Primer premio

9 0 3 3

DADB

Serie: 12 Folio: 12

2o premio

8375

3er premio

8150

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Caricaturas

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código