PRESIÓN INTERNACIONAL

Cooperar o no cooperar, esa es la cuestión: Demetrio Olaciregui Q.

Cooperar o no cooperar, esa es la cuestión: Demetrio Olaciregui Q. Cooperar o no cooperar, esa es la cuestión: Demetrio Olaciregui Q.
Cooperar o no cooperar, esa es la cuestión: Demetrio Olaciregui Q.

En Hamlet, William Shakespeare creó el célebre monólogo: “Ser o no ser, esa es la cuestión”. El dilema planteado hace más de 400 años adquiere actualidad ante la encrucijada que enfrenta el presidente Juan Carlos Varela de cooperar o no cooperar en materia de transparencia fiscal e intercambio automático de información tributaria. La desafortunada coincidencia de la aparición de los mal llamados Papeles de Panamá hizo más explosivo el dilema.

Los orígenes de la crisis actual se remontan a la década de 1980 cuando comenzó la presión para que Panamá intercambiara información con los países desarrollados. Los distintos gobiernos postergaron la adopción de medidas efectivas. El tiempo se agotó. La sospechosa aparición de los Papeles de Panamá agravó la situación, convirtiéndolos en una justificación para ejercer mayor presión sobre Panamá.

Como líderes de la Unión Europea, Alemania y Francia encabezan las acciones para que Panamá acceda a intercambiar información automática. Actualmente solo Bahrein, islas Cook, Nauru, Panamá y Vanuatu no han adoptado el modelo exigido por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y que tiene como fecha límite el 2018.

Estados Unidos anunció, por su parte, que no cooperará en forma multilateral, sino bilateral a través de la Ley de Cumplimiento Fiscal de Cuentas en el Extranjero, conocido como Fatca. Esa legislación busca identificar inversiones y cuentas bancarias de ciudadanos estadounidenses que evaden impuestos.

La ley fue aprobada por el Congreso estadounidense en marzo de 2010, dos años después de la crisis financiera, y estableció el 1 de julio de 2014 para que entrara en vigencia a nivel global. Panamá se adhirió en octubre de ese mismo año, pero hasta hace unos días aprobó su reglamentación y el procedimiento para el intercambio de información. Entró por la senda del bilateralismo con Washington, pero se resiste al multilateralismo que persigue la OCDE.

La encrucijada es riesgosa. Cooperar con la OCDE significa costos, pero no beneficios. Al país no le aporta nada el intercambio de información sobre negocios de sus nacionales en el exterior porque no pagan impuestos sobre esas utilidades. Pero los riesgos que significaría para el país no cooperar resultan invaluables. Panamá–por poseer una economía basada en comercio y servicios– no puede colisionar con los más grandes centros económicos mundiales.

Analistas económicos y banqueros anticipan que la decisión de no cooperar puede ser dañina para Panamá. Las actividades más vulnerables son los servicios de sociedades anónimas, sociedades offshore y el abanderamiento de naves. Ese negocio representa unos 500 millones de dólares anuales al país, algo menor al 1% de los 52 mil millones de dólares del producto interno bruto nominal. Quienes se dedican a esas actividades están en su derecho de defenderlas. Pero Varela debe superar las presiones de los que rechazan la posición de país cooperante. El país no va a quebrar si desaparecen las sociedades anónimas y offshore.

Sin embargo, podrían verse comprometidas las inversiones y los capitales que llegan del exterior y que contribuyen a financiar el déficit y balancear la chequera del Estado. El sistema bancario también puede resultar afectado en sus depósitos. Se estima que depositantes extranjeros poseen unos 15 mil millones de dólares en cuentas locales.

El sistema bancario depende mayormente de los panameños que mantienen unos 70 mil millones de dólares en depósitos lo que permite al sistema bancario realizar inversiones, préstamos productivos y financiar las actividades económicas del país. Eso demanda darle certidumbre a los depositantes, cuidar la calificación de riesgo país y garantizar la estabilidad política y social.

Panamá tiene la capacidad de salir en forma ordenada de esta crisis, a pesar de los importantes retos que imponen las dificultades. La atención está puesta en la forma como reacciona Panamá ante la volatilidad que se experimenta en el exterior. Más que en los efectos internos, la atención debe concentrarse en el marco regulatorio internacional y actuar en forma cónsona con una realidad en evolución permanente.

El país debe adaptarse, en forma gradual y con razonabilidad al proceso de país cooperante y –como se ha comprometido Varela en sus recientes viajes al exterior– dotar al sistema bancario de mayor transparencia y adoptar los estándares de intercambio de información de la OCDE. Panamá debe, al mismo tiempo, defender su derecho a que el proceso se dé conforme a la capacidad y circunstancias de cada nación y al entorno geopolítico internacional, y que no sea empleado para discriminar y perjudicar la competitividad de unos países en beneficio de otros.

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