COMPROMISO AMBIENTAL

Crisis energéticas, ¿oportunidad u oportunismo?: Pacifico Chung Castillo

Hace casi 20 años que los científicos están hablando del cambio climático. Conferencias, programas de televisión, noticias por allí y por allá. Todo este ruido de fondo a veces se ha convertido en moda de artistas e íconos sociales, pero poco se ha traducido a medidas políticas reales ni de hablar de cambios en los hábitos de consumo.

Pero la ruptura de nuestro equilibrio climático continúa. El cambio en la densidad del agua del mar, la intensificación de las corrientes marinas y el aumento del calor en la atmósfera comienzan a generar desastres como: sequías, lluvias intensas, huracanes, frentes fríos, etc.

En Panamá, luego de las destructivas lluvias que tuvimos en diciembre 2011, hoy vivimos una de las sequías más fuertes que se recuerden. Nuestro marco de producción energética, basada por un lado en los ríos y por el otro en la combustión de combustibles, comienza a quedarse corto. Pero lejos de convertir esta crisis en una oportunidad para promover una cultura de consumo más sostenible o nuevos modelos de producción energética, los voceros del Gobierno hablan de permitir más hidroeléctricas y termoeléctricas, además de criticar a la etnia ngäbe-buglé por decidir si quieren hidroeléctricas o no en su territorio. ¿Es que acaso en los territorios ngäbe no hay sequías? ¿Hasta cuánto podemos seguir sacrificando nuestros ríos, debido a nuestra voracidad energética? ¿Qué derecho tengo yo de quitarle a los ngäbe sus ríos para usar mi aire acondicionado?

De las muchas críticas que se pueden realizar al actual gobierno, la ausencia de políticas en materia ambiental son especialmente importantes. La destrucción de las reservas forestales en Donoso y La Pintada, junto con la continua destrucción del Darién y los manglares de la bahía son de las más visibles, pero hay toda una serie de medidas del plan de gobierno que fueron abandonadas, entre ellas el manejo y reforestación de las cuencas hidrográficas, especialmente importante en los ríos que fluyen por nuestro arco seco; la reforestación de extensas zonas montañosas en la comarca Ngäbe-Buglé y el mejoramiento del seguimiento de los estudios de impacto ambiental.

Adicional a estas medidas que buscan proteger los bosques (que a su vez atraen las lluvias y funcionan como reservorios vivos de agua), hay un sinnúmero de medidas que pueden ser aplicadas; por ejemplo, obligar a diseños más eficientes de consumo energético en nuestras edificaciones, transformar e incentivar al mercado abriendo la generación eléctrica para microproductores. Especialmente importante es la tecnología solar, ya que nuestro mayor consumo es precisamente cuando el sol es más intenso, durante la temporada seca y de 10:00 a.m. a 2:00 p.m. ¿Acaso no tiene lógica?

Pero nuestros gobernantes solo apoyarán medidas que sean grandes negocios. Las hidroeléctricas/termoeléctricas lo son.

¿Quién debe pagar nuestra irresponsabilidad ambiental? Es deber ciudadano exigir al próximo gobierno un mayor compromiso en materia ambiental y promover una revolución en el mercado energético y de consumo. La tecnología existe, solo hace falta la voluntad política y sobre todo ciudadana.

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