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El Crisol de Razas, un concepto oportunista: Jaime Cheng Peñalba

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El Crisol de Razas, un concepto oportunista: Jaime Cheng Peñalba

Es innegable que gran parte del tejido social panameño se construyó con la llegada de inmigrantes procedentes de diversas latitudes del planeta, atraídos en su momento por dos megaproyectos de impacto global, como el ferrocarril transístmico y el Canal interoceánico, que fueron de gran atractivo salarial internacional.

Estos grupos, insertados en una dinámica laboral específica, con el devenir del tiempo compartieron vivencias variopintas y se identificaron incluso con las penurias y la discriminación por parte del grupo blanco dominante local y el estadounidense, que administraba los trabajos del Canal. Una especie de identidad latinoamericana se forjó por los desmanes a que nos sometieron filibusteros y vaqueros de poca monta, como fue el caso de la tajada de sandía, en que lo “panameño” y centroamericano se fundieron en un solo nudo de voluntades y reclamos.

La sociedad panameña se fue convirtiendo en pluricultural, pero forjada también al calor de luchas reivindicativas como el movimiento inquilinario, la gesta del 9 de enero, la conformación del movimiento patriótico de la juventud, la recuperación de la soberanía en la Zona del Canal y otros movimientos sociales. Con el tiempo se acuñó el concepto crisol de razas para referirse a la conformación de un mosaico étnico-social, pero ligado a causas comunes, sobre todo de sectores en su mayoría vulnerables.

Este mismo concepto se utilizó de manera oportunista para traficar con ciudadanos chinos, hindúes, árabes y de otras nacionalidades, en la mal recordada época norieguista, cuando muchos funcionarios se hicieron millonarios, pero jamás se les abrió una investigación. En definitiva, se descubrió a una gallina que ponía huevos de oro y, de esta manera, la Dirección de Migración se convirtió en una máquina para hacer mucho dinero, invocando con hipocresía la igualdad de oportunidades.

Algunos empresarios, cuya nacionalidad siempre ha sido identificada con la caja registradora, apoyaron el proyecto Crisol de Razas, con el argumento de la baja calificación en la mano de obra panameña. Es curioso que gran parte de los permisos de trabajo se dieron a mujeres que terminaron prestando sus servicios en burdeles, cantinas y salas de masaje; en toda una red de trata de blancas en poder de algunos empresarios que sostienen que los panameños son “flojos” y hay que contratar a personal foráneo para hacer más eficiente el trabajo. Así, toda una cadena de enriquecimiento se orquestó en Panamá bajo el patrocinio corrupto de algunas autoridades de Migración que iban desde el tinterillo, el abogado que tramita, el que daba el visto bueno y el que recibía la plata.

El perfil de gran parte de estos extranjeros es distinto al que se insertó en el devenir histórico nacional. No hay mayor expresión xenofóbica que la que algunos de ellos utilizan al expresarse de su país de origen en desmedro de nuestra patria. Pues, según ellos, en su país todo es mejor que lo panameño, incluso hasta el aire que respiran.

En Calidonia, se registra una situación alarmante por el desplazamiento de los pequeños negocios de panameños. Casi todos los quioscos de expendios de alimentos ubicados en las áreas de servidumbre pública son controlados por haitianos y dominicanos, en su mayor parte. No olvidemos que incluso los dominicanos discriminan a los haitianos, a los que tildan de “negros”, y que hay una ley para otorgar ciudadanía a los extranjeros de origen dominicano “no dudoso”. Sin embargo, en Panamá se les brinda acogida, con bombos y platillos. Preocupa ver cómo en algunos noticieros televisivos, quienes opinan de las deficiencias en las comunidades no son panameños, pero hablan con una libertad que solo es posible en Panamá. ¿Dónde está la formación de los periodistas que hacen dichas entrevistas?

El llamado Crisol de Razas se ha convertido en un concepto trillado que esconde la ideología del oportunismo desmesurado, y debe llegar a su fin. Comparto la iniciativa de la diputada Zulay Rodríguez y de otros de sus colegas, de poner un alto a esta red de corrupción de la época martinellista, pero siento que el daño ya está hecho. El gobierno anterior permitió la compra desmedida de tierras en provincias como Penonomé y Veraguas, bajo el supuesto de inversión extranjera de manera sospechosa. Se debe implementar una política migratoria responsable, no blandengue y menos antinacional, de lo contrario un día amaneceremos expulsados definitivamente de la tierra que nos vio nacer o cantando el himno de un país foráneo.

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