AMBIENTE URBANO

Cultura peatonal: Carlos Guevara Mann

Acostumbro realizar un recorrido a pie por un sector bastante céntrico de la capital, entre el área bancaria y la avenida Balboa. Aunque la caminata tiene por objetivo despejar y estimular la mente para hacerles frente a los desafíos del día, no deja de motivar reflexiones sobre las condiciones de la ciudad y la manera de mejorarlas.

Algo que a diario llama la atención es la agresividad de la ciudad hacia sus viandantes. Un amigo lo expresó en términos modernos: Panamá no es una ciudad “amigable” con el caminante. Esa agresividad se expresa de muchas maneras y afecta el talante de las personas.

Al ingresar al espacio público, lo primero que encuentro es una acera rota, característica que se repite por doquier. Para rematar, en muchas partes las aceras han sido usurpadas por obras de construcción y establecimientos comerciales, los cuales, sin reparo alguno, obligan al viandante a caminar sobre la calle, poniendo en riesgo su seguridad y añadiendo al agobiante problema del tránsito vehicular que padece la ciudad.

No se trata únicamente de locales exclusivos y construcciones millonarias. También cometen este abuso los ubicuos carros y ventas de comida, que se estacionan sobre las veredas, cerrando el paso a los peatones.

He contado hasta tres de estos puestos, tanto móviles como estacionarios, en una sola cuadra. En la esquina de la avenida Balboa y la calle 53 (o José de la Cruz Herrera) hay tal aglomeración de estos expendios, con escándalo de bocinas incluido, que empujan al caminante hacia una de las vías más transitadas de la capital.

¿Qué autoridad les ha dado permiso para situarse en la acera? Además, ¿vigila el Ministerio de Salud las condiciones sanitarias de estos puestos? (A juzgar por lo que veo y huelo cada vez que paso al lado de estos expendios, no es así).

La pregunta es válida ya que un gran número de panameños satisface a través de esos puestos parte importante de sus necesidades calóricas. El incremento de ciertas enfermedades crónicas va de la mano de la mala alimentación y no cabe la menor duda de que los señalados ventorrillos contribuyen a agravar un problema de salud pública con su higiene deficiente y pocos cuidados en la preparación de la comida.

Panamá es una urbe caracterizada por su persistente problema de la basura. La magnitud de este problema solo se aprecia si se camina por las calles de la ciudad. Los pocos recipientes que existen están desbordados y por todas partes se encuentran desperdicios.

Los montones de basura son el festín de las alimañas, que ya no solo durante la noche, sino a pleno día, proliferan en un ambiente tan propicio para su reproducción. Todo el mundo se queja, pero nadie parece recordar que la basura la generamos los propios individuos y que tirarla a la calle, como lo veo ocurrir ene veces al día, es indicio de enorme desprecio por el bienestar de la colectividad.

Son muchos otros los aspectos de nuestro paisaje urbano que indican que estamos bastante lejos de formar parte del primer mundo. Hay ciudades donde caminar es un placer, por la buena condición de las aceras, la limpieza del ambiente, el respeto de los conductores y la urbanidad de los peatones. Panamá, tristemente, no es una de ellas. El irrespeto de los conductores –sobre todo de los vehículos de transporte público– hacia los caminantes es de antología.

La falta de consideración de los viandantes hacia otros peatones y hacia los vehículos en circulación también es problemática. Muchos caminantes cruzan la calle donde les apetece, en vez de usar las líneas de seguridad. Sin reparar en el derecho ajeno, deambulan por las desvencijadas aceras mientras hablan por celular o escuchan música desde sus audífonos, más parecidos al aparejo de un extraterrestre que a algo que deba llevar un ser humano normal. La costumbre civilizada de caminar por la derecha, que facilita significativamente la circulación a pie, es desconocida para la inmensa mayoría de los viandantes.

Particularmente notorios son los rostros de hostilidad que se observan en la vía pública. El ambiente urbano le amarga la vida al panameño, no cabe duda.

En vista de que caminar es el principal medio de transporte, tanto aquí como en otras partes, promover una cultura peatonal más evolucionada e integral contribuiría significativamente a mejorar la calidad de vida en Panamá. Ojalá fuese este un reto que quisieran asumir las autoridades competentes y los candidatos a puestos municipales.

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