METAS

Cursos para ser feliz: Charlie Del Cid

Desde hace unos años en Harvard, tal vez la universidad más famosa del mundo, se están dando unos cursos para enseñar a ser feliz. Se matriculan unos mil 400 estudiantes por semestre en las clases de psicología positiva, que son dictadas por un importante gurú para quien la felicidad no es un accidente, sino una ciencia.

Leyendo el resumen de recomendaciones que se dan a lo largo del curso la lista es interesante: Practica algún ejercicio; desayuna; agradece a la vida todo lo bueno que tienes; sé asertivo; gasta tu dinero en experiencias no en cosas; enfrenta tus retos; pega recuerdos bonitos, frases y fotos de tus seres queridos por todos lados; siempre saluda y sé amable con otras personas; usa zapatos que te queden cómodos; cuida tu postura; come saludable, arréglate y siéntete atractivo (a).

¿Qué necesitas para ser feliz? ¿Cuándo somos felices? Aristóteles decía que la felicidad es alcanzar los fines propios de cada especie. Alcanzar las metas que como seres humanos son parte de nuestra naturaleza. Como tal, afirmó que el ser humano es feliz cuando vive racionalmente; yo añadiría cuando es dueño de sus pasiones e instintos y no deja que los rasgos animales triunfen sobre la razón. En este mundo posmoderno en el que es más importante sentir que pensar, pareciera que los instintos de cualquier índole van ganándole la batalla a la razón.

En estos días tuve que montar buses, porque mi carro estaba dañado.

El presupuesto no me daba para taxis, así que decidí pasear en Metrobús y diablos rojos en vías de extinción. En uno de los trayectos tuve que sentarme casi en la parte de atrás. Escuché la conversación de un hombre, supongo que con algunos tragos, que le decía por teléfono a su concubina, o pareja, que él ya había matado y que no le importaba nada con la vida de aquélla.

Le pedí a Dios que tuviera misericordia de ambos, porque tal vez era el próximo femicidio. Los instintos, no bien conducidos, nos llevan a la tumba antes de tiempo o acaban con la vida de otros.

Antes que Harvard abriera su curso, ¿cómo aprendía uno a ser feliz? En la familia. Nuestros padres y abuelos, con sus vidas y sus consejos, con sus regaños y nalgadas nos enseñaron qué hacer y qué evitar. Claro, si tenemos un país sin familias, la felicidad se traslada a consumir, tener, aparentar y quién sabe qué más.

San Agustín, gran maestro en la búsqueda de la felicidad, decía “ama y haz lo que quieras”. Yo añadí, en una canción que compuse, “pero no llames amor cualquier pasión”.

Tener amor y dar amor es lo que nos hace felices. El amor es algo muy serio, que el mundo actual ha prostituido. El amor es una decisión, no es un sentimiento. El amor implica sufrir, sacrificarse, pero como este mundo huye del sacrificio, apenas surgen dificultades se acaba el amor. El amor que perdona y pide perdón es uno de los niveles más altos de humanidad.

El amor es vertical y horizontal. Debemos amar a Dios y dejarnos amar por él –vertical–. Sin él, llamémoslo como queramos –ser supremo, energía cósmica– no tendremos fuerzas para amar y perdonar.

Debemos amar a los demás –horizontal–; si nuestra pareja e hijos son felices, entonces, es que los hemos amado. Si hacemos felices a los que nos rodean, entonces, la felicidad se nos retornará.

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