POBREZA Y RIQUEZA

Dar al César lo que es del César: Armando Ribas

/deploy/DATA/laprensa/BBTFile/0/2014/12/05/0_20141205FReTPo.jpg /deploy/DATA/laprensa/BBTFile/0/2014/12/05/0_20141205FReTPo.jpg
/deploy/DATA/laprensa/BBTFile/0/2014/12/05/0_20141205FReTPo.jpg

El reciente viaje del Papa a Corea del Sur, y su evidente éxito internacional, a mi juicio favoreció más la doctrina que impera en Pyongyang que la de Seúl. Por más buena fe que se tenga en el llanto por los pobres, ética y políticamente descalifica y destruye la creación de riqueza, y tiene como consecuencia la generación de más pobreza.

Dada la evidente buena intención del Papa, creo que debiera leer la Encíclica Rerum Novarum del papa León XIII, escrita en 1891, con la intención de sacar a la Iglesia del denominado ultramontanismo. Y allí escribió: “En la sociedad civil no pueden ser todos iguales, los altos y los bajos... Afánense en verdad por ella (la igualdad) los socialistas, pero en vano es ese afán y contra la naturaleza misma de las cosas. Porque ha puesto en los hombres la naturaleza grandísimas y muchísimas desigualdades. No son iguales los talentos de todos, ni igual el ingenio ni la salud. Y a la necesaria desigualdad de estas cosas sigue necesariamente la desigualdad en la fortuna. La cual es por cierto conveniente a la utilidad, así de los particulares como de la sociedad”.

Vemos que León XIII había aceptado el concepto de la mano invisible desarrollado por Adam Smith: “Persiguiendo su propio interés, el individuo crecientemente promueve el de la sociedad más efectivamente que cuando él realmente intenta promoverlo. Yo no he visto nunca mucho bien hecho por aquellos que pretenden actuar por el bien público”. Este concepto ha sido descalificado por el actual Papa en varias oportunidades, concretamente en el punto 57 de la Exhortación Evangeli Gaudium, que dice textualmente: “En este sentido, animo a los expertos financieros y a los gobernantes de los países a considerar las palabras de un sabio de la antigüedad: no compartir con los pobres los propios bienes es robarles y quitarles la vida. No son nuestros los bienes que tenemos, sino suyos”. En un sentido similar se ha publicado un libro de Thomas Piketty Capital en el siglo XXI, en el que pretende descalificar al sistema capitalista porque crea mayor desigualdad económica.

Ya debiéramos saber que tal como lo señala William Bernstein en The Birth of Plenty el mundo hasta el siglo XVIII vivía como Jesucristo. Fue solo hace unos 200 años que comenzó la creación de riqueza en el mundo. Tanto así que el propio Marx reconociera que la burguesía en escasamente 200 años de dominio había creado más fuerzas productivas y más riqueza que todas las generaciones anteriores juntas. Fue a partir del sistema que él denominara capitalismo y que descalificara éticamente como la explotación del hombre por el hombre que se produjo ese fenómeno en la historia. Decididamente Picketty ignora que, como bien dijera Adam Smith, los ricos no tienen el estómago más grande que los pobres. Por tanto, a partir de cierto nivel del capital este se usa para aumentar la inversión y consecuentemente la creación de riqueza. También ignora que cuando el Gobierno se apropia de las ganancias de los particulares, los que se enriquecen son los que la reparten. Por ello Juan Bautista Alberdi nos enseñó que: “Hasta aquí el peor enemigo de la riqueza del país es la riqueza del fisco”.

Vale recordar las palabras de Karl Popper: “Luché por la igualdad hasta que me di cuenta que en la lucha por la igualdad se perdía la libertad, y después no había igualdad entre los no libres”. Cuando en nombre de la igualdad se viola el derecho de propiedad no hay más inversión y, en consecuencia, no se genera más riqueza. Ese es el resultado del incremento del gasto público que implica la elevación de los niveles de impuestos que, de hecho, significa la violación del derecho de propiedad y del derecho a la búsqueda de la propia felicidad. Y este último como bien reconociera John Locke es el principio fundamental de la libertad.

En fin, el problema pendiente es que la filosofía que lleva al poder, es la que determina la violación de los derechos individuales que garantizan la libertad y la creación de riqueza. Es lamentable que el papa Francisco –a quien no puede menos que reconocérsele la virtud y sabiduría de su actuación respecto a la corrupción en el Banco Vaticano y la pedofilia eclesiástica, como también que haya reconocido la libertad religiosa y el reencuentro con otras religiones–, en su lucha por la pobreza, haya adoptado la crítica al sistema que crea la riqueza y reduce la pobreza.

Comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial por la Democracia, S.A.

Por si te lo perdiste

Última hora

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Directorio de Comercios

Loteria nacional

19 Nov 2017

Primer premio

8 0 5 6

CCAA

Serie: 13 Folio: 12

2o premio

9078

3er premio

3785

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Caricaturas

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código