NECESIDAD

Debates presidenciales y respeto al ciudadano: Rodrigo Tomás Sang De León

En casi todas las latitudes se hacen esfuerzos por profundizar los sistemas democráticos, quitándole poder a los presidentes para devolverlo a quien realmente debe tenerlo, el pueblo. Tristemente, en Panamá por decisión mayoritaria de la bancada de Cambio Democrático y algunos indefinidos panameñistas se aprobó, el pasado 5 de septiembre, la eliminación de la norma que hacía obligatoria la celebración de al menos dos debates entre los aspirantes a la primera magistratura de la Nación.

La elección de un gobernante es algo muy serio, de allí que es imperativo analizar con lupa la trayectoria, personalidad y estabilidad emocional de los presidenciables. Quienes así pensamos no podemos más que repudiar este nuevo intento por promover la mediocridad y el voto a ciegas, motivado por el efecto de millonarias campañas publicitarias, en lugar de una evaluación a conciencia.

Al parecer, estos señores no se cansan de despreciar la inteligencia del pueblo y creen que no es importante ver las diferencias entre uno y otro candidato, y si son capaces de debatir, con altura y propuestas reales, frente al pueblo para que este, sabiamente, vote por quien considera que representa los mejores intereses del país; no de un partido o grupo político.

El mundo globalizado en que vivimos exige de líderes capaces de resolver problemas y, por qué no decirlo, capaces de debatir con profundidad sobre todos y cada uno de los graves males que sufren nuestros pueblos. Vale la pena preguntarle a los promotores de tal atrocidad legislativa ¿en qué se beneficia nuestra democracia y nuestro país con una medida que solo promueve la mediocridad de los presidentes? El mundo actual exige que quienes nos gobiernan sean personas sensatas y coherentes, que no se molesten cuando algún medio de comunicación, cumpliendo con su trabajo, cuestione cualquier acto de los gobernantes. Necesitamos presidentes y ministros que no caigan en el error de creer que los dineros que manejan son de su cuenta personal, cuando en realidad son de todos los ciudadanos de este país que, de una u otra forma, pagamos impuestos y, por ende, tenemos todo el derecho de saber en qué se invierten. Tenemos el derecho de saber si un candidato es fiable o no, si es consistente en sus posturas o no; saber si promete las cosas en un momento porque le beneficia políticamente, pero después, olímpicamente, olvida lo prometido en campaña.

No pierdo la esperanza de que para el próximo torneo electoral aprendamos a ejercer un voto menos emocional y más racional; basado más en el interés del país, no en el personal. Sueño con que despertemos de esa apatía tradicional que quizás sea la causa de que a estos mal llamados padres de la patria se les ocurra irrespetarnos con propuestas hechas a la medida de posibles presidenciales, a quienes les quedaría demasiado grande la camisa de Presidente de la República.

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