CONTIENDA ESTADOUNIDENSE

Deberíamos votar todos: Daniel R. Pichel

Las elecciones de Estados Unidos tienen tanta influencia en lo que pasa en el mundo que deberían darnos a todos la oportunidad de votar. O, por lo menos, de dar nuestra opinión. Como la cobertura mediática es tan intensa se hace casi imposible mantenerse al margen de lo que ocurre en los incontables debates, las constantes encuestas y las opiniones, propósitos y despropósitos de quienes aspiran a ocupar “el cargo más importante del mundo”. Aunque no faltarán “ñangarosaurios” que considerarán que Estados Unidos (EU) es irrelevante, la mayoría de los terrícolas pensamos que, para bien o para mal, las opiniones y decisiones de quien mande allá arriba seguramente nos afectarán.

Por el lado demócrata, parece que será Hillary Clinton quien ocupe la candidatura. A pesar del apoyo que ha recibido Bernie Sanders, principalmente de la juventud, no impresiona suficiente para descarrilar la campaña de la exsecretaria de Estado, después de la sorpresa que representó, en 2008, que el poco conocido Barack Obama le arrebatara una candidatura que daba por hecho. Aunque la acusan de corrupta, de demasiado comprometida con el poder económico, y de no haber manejado con transparencia su gestión en la Secretaría de Estado, su dominio de todos los temas y un programa bien pensado y sin estridencias, seguramente, le garantizarán la nominación.

Bernie Sanders ha montado una campaña interesante. A pesar de llevar muchos años como independiente, su intento en las filas demócratas le han garantizado muchas horas de cobertura mediática. Y su mensaje es diferente. De hecho, autodenominarse “socialista”, en un país donde muchos consideran el socialismo un sinónimo de Cuba o de la Unión Soviética, indica su plan de romper moldes. Los jóvenes han encontrado eco en priorizar el bienestar de la gente sobre el de las corporaciones y el poder económico. La adopción del sistema de Obama de conseguir fondos a través de pequeñas donaciones lo ha acercado a los votantes. Sin embargo, su poca experiencia en temas importantes, como política exterior y migración, le impiden ser un verdadero reto a las aspiraciones de Hillary.

Pero el lado republicano sí ha sido entretenido. Los precandidatos que llegan a las primarias parecen salidos de un hospital psiquiátrico o de una película de Mel Brooks. Cada uno más estrambótico que el otro. Obviamente, el grupo se ha ido reduciendo rápidamente y todo indica que serán tres los que llegarán al final. La primera sorpresa fue la pobre presentación de Jeb Bush, a quien pertenecer a una familia en la que ha habido dos presidentes no le sirvió de nada. Su presentación en los debates y su poca habilidad para defenderse de sus contrincantes lo sacaron del camino mucho antes de lo pensado.

Al final, serán Trump, Cruz y Rubio los que, si no se matan antes a golpes, llegarán a la convención. La lucha entre Cruz y Rubio se resume a demostrar cuál de los dos tiene posturas más conservadoras. En ese sentido, Ted Cruz lleva la ventaja. Sus posiciones en aborto (oposición incluso en casos de incesto y violación), control de armas, salud e inmigración, confirman por qué es el favorito del “ala derecha evangélica”, y que se amontona bajo la sombrilla del Tea Party.

Rubio es el candidato del establishment. Un poco más moderado que Cruz, su principal preocupación es descarrilar a Donald Trump usando el apoyo que el partido está dispuesto a brindarle. Sin ser demasiado radical, deja claro que se opone al Obamacare, al control de armas y al aborto.

Pero, sin duda, la figura central de esta campaña es Donald Trump. Un tipo absolutamente impredecible, empeñado en decir cada día una atorrancia más grande que la del día anterior, explotando una excentricidad mediática que le ha permitido ocupar muchas horas de televisión, sin tener que pagar por ella. Ha insultado al Partido Republicano, a los medios en general, a periodistas en particular, a las mujeres, los latinos, los afroamericanos, los musulmanes y los demócratas. Sus principales exabruptos –hasta ahora– son prohibir la entrada de musulmanes a EU, la construcción del dichoso muro en la frontera sur –pagado por los mexicanos–, deportar a millones de inmigrantes indocumentados (no vio la película Un día sin mexicanos) y atacar el Estado Islámico y a Corea del Norte, para demostrarles quién manda en el mundo.

Tenemos que entender que decir locuras es un derecho de cada quien. Lo inaudito es que haya tanta gente dispuesta a apoyar a quien las dice. Y parece que su masa de votantes (entendiendo “masa” en una acepción amplia), no está dispuesta a cambiar de opinión al margen de qué diga. El señor parece haber hipnotizado a muchos votantes republicanos. Si gana la nominación, seguramente, moderará su discurso. Tampoco es tan tonto.

Lo interesante con Trump es que el Partido Republicano es el más preocupado de que él sea el candidato. Ya Mitt Romney dijo que se opondrá hasta en la convención, de ser necesario, y la jerarquía del partido guarda un nervioso silencio ante la inminencia de que este tipo gane la nominación. Incluso, si Trump es el candidato no sería de extrañarse que el Partido Republicano prefiera que las elecciones las gane Hillary Clinton, a quien consideran mucho más predecible que un tipo que pudiera hacerle muchísimo daño a los republicanos a largo plazo. A fin de cuentas, todos son políticos... @drpichel

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