MALESTAR CIUDADANO

¿Desarrollo económico?: Ana Paula Figueroa González

A mediados del año 2011 se hizo pública la información de que Panamá fue el país con mayor crecimiento económico de Latinoamérica el año pasado, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe. Dicha información hace que el Gobierno se sienta orgulloso y que muchos piensen que “vamos bien”.

Sin embargo, debemos saber que crecimiento económico no es lo mismo que desarrollo económico. Este último consiste en la evolución progresiva de una economía hasta alcanzar mejores niveles de vida. En Panamá puede haber crecimiento económico, pero no hay desarrollo económico, porque no estamos alcanzando –la población en general– mejores niveles de vida; más bien pareciese que la brecha entre ricos y pobres se hace más notoria.

Ese crecimiento económico que nos hace ser galardonados con un primer lugar en América Latina se debe al exceso de gasto en el que está incurriendo el Gobierno, adquiriendo un nivel de déficit y/o endeudamiento extraordinario, lo que genera una situación de desahorro y desenfreno en el gasto público. Solo hace falta ver el presupuesto estatal récord para este año 2012, confeccionado basado en el afán del Gobierno de construir obras de infraestructura y realizar proyectos titánicos.

Lo más preocupante de esto es que la verdadera deuda no se está contabilizando, porque no se han incluido los proyectos llave en mano, como la compra de los corredores a un sobrecosto de más de 500 millones de dólares, ni la ampliación del Aeropuerto Internacional de Tocumen por 800 millones de dólares, entre otros.

Ese afán de gastar y gastar, endeudándonos, usando el Fondo Fiduciario (que constituye uno de los principales activos del país), eliminando estados de superávit en las finanzas públicas, no contemplando en lo absoluto el ahorro corriente (elemento importante en cualquier economía), es lo que en realidad nos hacer ver como una economía en crecimiento.

Cuando hablamos de desarrollo económico necesitamos involucrar la calidad de los proyectos, no la cantidad. Proyectos caracterizados, ante todo, por la transparencia y que lleven a que la población (no solo urbana) alcance mejores niveles de vida.

Hay que reconocer que no existe una proyección económica que beneficie a las áreas rurales, lo que, consecuentemente, genera resentimiento en los habitantes de estas zonas por sentirse excluidos del crecimiento económico del que tanto se habla.

En Panamá podemos estar viviendo una época de crecimiento económico, pero no de desarrollo económico, porque el desarrollo económico permite el progreso de las personas y que estas alcancen mejores niveles de vida. Sin embargo, la mayoría de los panameños no estamos alcanzando mejores niveles de vida debido a la inflación, al descuidado sistema público educativo y al pésimo sistema de salud, sin estructuras para atender la demanda.

Los medicamentos que adquiere la Caja de Seguro Social y las bacterias hospitalarias han matado a muchas personas. En los hospitales faltan medicinas e insumos, y en algunos desde hace años el personal ha sido objeto de denuncias por casos de negligencia, mala praxis y encubrimiento de delitos culposos (hospital Santo Tomás); querellas que siguen sin obtener respuestas satisfactorias por parte de las autoridades, quienes tienen el deber de hacer investigaciones transparentes e imparciales.

A todo lo anterior hay que sumar las epidemias de dengue, problemas con las aguas negras, con la recolección de la basura (hasta en la exclusiva zona de Punta Pacífica) y un persistente problema de falta de agua que afecta a muchas comunidades.

Actualmente somos más los que vivimos en el escenario doloroso de la degradación que sufre este país. Degradación que viene desarrollándose desde hace muchos años y que ha involucrado a varios gobiernos. Degradación que se refleja en la indiscutible crisis que existe en el Órgano Judicial y el Ministerio Público, porque vivimos en un país en el que se imparte una justicia selectiva.

Vivimos en una nación en donde muchos casos que se deben investigar de oficio, como el abuso de autoridad y la corrupción, cuando llegan al Ministerio Público no son encaminados para que se les siga una investigación, científica e imparcial.

Vivimos en un país en el que a pesar de lo que digan las autoridades, se ha acrecentado y ha proliferado la inseguridad ciudadana. Estamos hoy día en un Panamá con un marcado aumento de las tensiones sociales y en el que el estilo de gobierno practicado, hasta ahora, ha reducido los espacios de concertación y de diálogo con los sectores políticos y de la sociedad civil, necesarios para buscar soluciones consensuadas y hacer frente a los problemas nacionales.

El Panamá de hoy es, en definitiva, una república que no está encaminada a lograr mejores niveles de vida para sus habitantes. Quienes la administran parecen ignorar que un ambiente de estabilidad y armonía política y social es el que lleva al desenvolvimiento de una economía o al desarrollo económico.

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