ESTRATEGIA INTEGRAL

Descentralización: mito o realidad: Zunilda Cajiga Serracín

Han sido décadas perdidas: Panamá dio sus primeros pasos en la década de los 70, al igual que otros países latinoamericanos tales como Colombia, Brasil, Chile, Costa Rica, Perú, México y Argentina, por mencionar solo algunos, hacia una descentralización; pero quedó atrás. Se concentró básicamente en una descentralización política y administrativa en su organización, con la idea de una “planificación del desarrollo”, a través de los consejos provinciales de coordinación, juntas técnicas, provinciales, comunales y locales. Muchos países iniciaron también sus modelos en una manera diferente a la otra, pero con nuevas Cartas en su Constitución.

Los esfuerzos, a nivel de la cooperación internacional en Panamá, por ejemplo con la Agencia de Cooperación Española, Agencia de Cooperación Japonesa, FAO, Misión Técnica China, y otros países y organismos colaboradores, en los cuales se tienen experiencias de modelos participativos de las comunidades, generaron resultados momentáneos, incipientes o casi nulos desde la perspectiva de desarrollo, por la deformación gradual de sus objetivos, falta de continuidad y ausencia de un modelo constructivo con efectos multiplicadores de transformaciones reales en las estructuras socioeconómicas de las comunidades; pero principalmente por la falta de una agenda de Estado que contemple una Política y Estrategia Nacional para el Crecimiento y Desarrollo Sostenible.

De manera inevitable, frente a las limitaciones de recursos, tradicionalmente, las políticas sociales tienen una atención residual y cortoplacista en la agenda nacional. Esta situación, además, es agravada por el tratamiento sectorial de los problemas (sector educación, salud, vivienda, saneamiento básico, vías de comunicación, sector agropecuario; protección ambiental, seguridad, turismo e infraestructura rural y urbana; recreación, cultura y deporte; afrontados todos y cada uno mediante estrategias por completo independientes, no integrales).

Vale la pena preguntarnos, qué tenemos, qué hacemos y qué queremos:

1. Desarrollo municipal o local.

2. Desarrollo y crecimiento sostenible.

3. Participación ciudadana en las decisiones locales.

4. Descentralización gradual o parcial.

5. Autonomía fiscal y política o parcial.

6. Normatividad en las transferencias iniciales gubernamentales y normatividad en las etapas finales y en la evaluación de los resultados o rendición de cuentas.

7. Diagnósticos locales y criterios para la priorización de las inversiones iniciales.

8. Plan de inversiones para justificar uso de recursos. Qué proporción para funcionamiento e inversión locales.

9. Criterios tecnocráticos o participativos en la construcción del presupuesto.

10. Propósitos redistributivos: vía impuestos o transferencias.

11. Cuáles son las áreas prioritarias de intervención social a nivel local.

12. Qué competencias (humanas, técnicas) tenemos para lograr los objetivos en la descentralización.

13. Construcción de capacidades en las áreas de recaudación, gestión financiera, contabilidad, presupuestación y planeación del desarrollo.

14. Innovación de la gestión municipal.

15. Ley de ordenamiento territorial urbano y rural.

Aunque no existe un modelo universal para lograr una descentralización exitosa, los expertos señalan que hay un conjunto de condiciones que deben adoptarse para tener mayores posibilidades de lograr efectos positivos: 1. Debe impactar en toda su dimensión, 2. La gestión municipal requiere fortalecerse y consolidarse para jugar un rol privilegiado en el desarrollo local, 3. Institucionalizar las experiencias de tal manera que continúen a pesar de los cambios en el Gobierno, y 4. Vincular estas prácticas locales con las políticas públicas nacionales.

El desarrollo debe ser infinito y dinámico, y debe permitir un mejoramiento permanente tanto de las actividades del hombre y la mujer en sí, y del profesional que lo asiste, en suma de la calidad de vida que está directamente relacionada con la vida cotidiana de las personas y de los grupos sociales, de sus posibilidades reales y potenciales de desarrollo e integración personal y comunitaria.

En síntesis, que el diseño de la estrategia sea integral, con un enfoque multidimensional y previamente existan las condiciones económicas, históricas, sociales y políticas que evite la creación de superestructuras y burocracias administrativas, que no solamente sea un traspaso de poder - y, por ende, de capacidad de tomar decisiones- hacia los gobiernos locales, sino que transforme la cultura política, modernizando, con eficiencia y eficacia la gestión pública.

De ahí la necesidad de replantear la descentralización como un proceso gradual que vaya construyendo capacidades paulatinamente, pero de manera sostenida y finalmente, como ya estamos a tres décadas atrás en comparación con el resto de los países; se requiere de acumular las mejores prácticas tanto de Panamá como del resto del continente, afianzándonos en el levantamiento de experiencias con el uso de nuevas herramientas del conocimiento, seguimiento de una selección de las mejores y diversificando los medios para difundirlas.

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