ENRUMBAR

Desconfianza institucional: Evidel Vigil

Corresponde al Ejecutivo ejercer el poder que se le encomendó, pero respetando el orden constitucional y con liderazgo, entendiendo éste como el conjunto de capacidades que alguien tiene para influir en un grupo de personas, haciendo que este equipo trabaje con entusiasmo en el logro de las metas propuestas al pueblo que los honró con su voto para que cumplieran sus promesas. Pero, si ese liderazgo no se ejerce respetando nuestra Constitución y leyes, actuando contrario al sentir de la sociedad, estaríamos frente a una ilegitimidad de nuestros gobernantes.

A veces es difícil llegar a establecer las causas que producen la pérdida de legitimidad en los gobernantes. El problema de la legitimidad es central en política y, no es otra cosa que el reconocimiento de la comunidad al derecho que tiene un ciudadano para gobernar, pero para que esta aceptación sea visible tiene que haber el consentimiento de los gobernados, sin este requisito es complicado tomar decisiones, la gente no les cree. En esa línea, aquel en cuyas manos recae la tarea de dirigir el Estado está obligado a solucionar los problemas coyunturales con responsabilidad, ésta implica ser prudente al emplear el poder político para ganar la obediencia de la población. Cada ministerio está instituido para solucionar asuntos específicos en nombre del Ejecutivo, eso es evidente; pero cuando los actores que representan al Presidente son incompetentes o carecen de personalidad para decirle lo conveniente o, son manipulables por temor a perder su cargo, provocan decisiones nocivas e irresponsables, impidiendo que los verdaderos problemas sean resueltos.

El derecho de gobernar supone decisiones justas, imparciales, tratar a diversos sectores con la misma voluntad, generosidad y sensibilidad. Despreciar el diálogo directo con los distintos actores de la sociedad transforma el respeto en irreverencia; consecuentemente, es otro elemento que provoca pérdida del consentimiento y genera el desacato.

Es evidente que el Gobierno está perdiendo el beneplácito del pueblo, que se está perdiendo la credibilidad en las instituciones, y que se afecta la democracia; esto a consecuencia de una serie de desaciertos cometidos por los gobernantes.

El desarrollo democrático de nuestro país incluye una amplia participación ciudadana, no solo en los procesos electorales, sino en los de rendición de cuentas, democratización institucional y de prácticas cotidianas de los ciudadanos, entre otros. A mayor democracia, mayor respeto a los derechos humanos y viceversa.

En razón de lo anterior, nos preocupa que un gobierno que fue elegido para mejorar la calidad de vida, atender los grandes problemas nacionales, suplir las necesidades de aquellos que menos tienen y más aguantan, se la pase discutiendo temas como segunda vuelta, reelección, proyectos de asociación público privada, reformas mineras, y haya querido beneficiar a sus allegados, utilizando leyes cuyo propósito era reconocer los derechos posesorios de un sinnúmero de panameños. En fin, un gobierno que hace todo lo contrario de lo que dijo que haría y deja que pase lo que en campaña censuró.

Estas fiestas patrias nos deben llevar a reflexionar un poco en qué somos y cómo nos vemos; qué hemos hecho y qué queremos, como país, para nuestros hijos. Pareciera que al Ejecutivo se le olvidó cuál es el significado de patria. Patria no es hacer lo que me da la gana; patria no es promover la impunidad de algunos, apropiándose de bienes públicos sin que importe el interés de las mayorías; patria no es hacer del país una sociedad anónima y velar por los intereses de las minorías; patria no es irrespetar el derecho a la libertad de expresión, mandando a auditar a periodistas; patria no es mandar a investigar a quienes no comparten sus ideas; patria no es promover el transfuguismo desconociendo que los partidos políticos son las instituciones por excelencia de mediación política entre la sociedad civil y el Estado; patria no es mantener en sus puestos a funcionarios que han cometido faltas graves o las han avalado; patria no es promover la improvisación en las inversiones estatales.

Por el contrario, se haría patria con más transparencia en la gestión pública, si se cumpliera lo prometido en campaña, si se investigara cada denuncia interpuesta, sin distinción de partidos políticos; se haría patria si a la Corte Suprema fueran los mejores magistrados sin compromisos con nadie; se haría patria si se supiera quiénes querían quedarse con los terrenos de Paitilla y Juan Hombrón; se haría patria si supiéramos quién o quiénes se querían beneficiar con la venta del terreno de Chilibre; se haría patria con un ministro de Seguridad sin prepotencia; se haría patria con más seguridad en las calles; se haría patria si se dieran a conocer cada una de la investigaciones archivadas de los políticos que se han ido a las filas del Gobierno; se haría patria dejando de hacer tantas contrataciones directas; se haría patria si no se destituyera a funcionarios solo por no estar inscritos en el partido gobernante; se haría patria si promoviéramos la descentralización municipal. ¡Patria son tantas cosas bellas...!

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