MODELO ECONÓMICO

Desigualdades extremas mundiales: Jorge E. Madrid M.

En 2013, quedó claro que las desigualdades creadas por el capitalismo como sistema económico seguirán creciendo en 2014, sobre todo después de ver el informe de las 300 personas más ricas del mundo que acumularon 3.7 billones de dólares. Los tres hombres más ricos, Bill Gates, Carlos Slim y Amancio Ortega, totalizan 218 mil 700 millones de dólares, cifra que representa 14 veces el presupuesto de Panamá, en donde una población de 3 millones genera riquezas ($16 mil millones) que permiten vivir a sus dos terceras partes en condiciones aceptables y a un tercio en la pobreza.

El sistema económico capitalista produce estas desigualdades en la distribución de la riqueza, así vemos obreros que van desde el que se encarga del aseo hasta el que dirige la empresa por un salario respectivo. La acumulación capitalista, combinada con la propiedad privada, perpetúa estas asimetrías económicas entre algunas personas y toda una nación organizada, con estructura social y de forma legal en 100 años de historia patria.

En el sistema feudal los ricos eran un grupo pequeño, pero el cambio de relaciones sociales de producción feudal a capitalista eliminó las tiranías y la propiedad total de los recursos materiales y humanos de los reyes. En el nuevo sistema, a los siervos solo se les dio la libertad de vivir por su propia cuenta, con un “salario” por el trabajo realizado, y que los nuevos amos –llamados empresarios o inversionistas– les pagaran desde esa fecha.

Sin embargo, los contados reyes del feudalismo se multiplicaron en el capitalismo emergente, igual que la población mundial, a causa de esa nueva relación o contrato social capitalista. Por eso, para nadie es un secreto que hoy todos los millonarios o ricos viven como faraones.

Leonardo Boff define muy bien esta situación cuando dice: “Ese tipo de capitalismo ha generado en nuestro continente latinoamericano una escandalosa acumulación de riqueza en unos pocos a costa de la exclusión y de la pobreza de las grandes mayorías del pueblo”, en su escrito El papa Francisco y la economía política de la exclusión.

Estas desigualdades, promovidas por el sistema capitalista neoliberal, deben tener un tope de acumulación, porque así como se quiere controlar o eliminar la pobreza extrema, debemos controlar la riqueza extrema, pues ambas son negativas para la humanidad por sus efectos colaterales y generan desigualdades, injusticias y privilegios, tanto por escasez como por abundancia asimétrica, algo contrario a los deseos de la humanidad.

No es cierto que haya escasez de recursos de todo tipo para resolver las demandas de las grandes mayorías en el mundo, el problema es que esos recursos los acapara una minoría. Por eso, deberían ser captados por los gobiernos, mediantes leyes que regulen la acumulación capitalista individual o empresarial y que permitan redistribuir las riquezas que genera el modelo de producción actual.

De esta forma se modernizaría este sistema, de acuerdo con los nuevos parámetros, y así el desarrollo humano sostenible dejaría de ser una utopía.

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