SÍNDROME

Desorden de identidad de la integridad corporal: Miguel Ángel Bolobosky Ferreira

Veleidosa cual señora caprichosa, las tormentas políticas cuasi-revolucionarias se anuncian con sigilo casi imperceptible; caen con estruendoso desenfreno y se manifiestan con impredecibles resultados. Algunas concluyen como el cuento del perro que ladra pero que no muerde; mas nunca se sabe; pues ni siquiera los Nostradamus políticos que como buenos meteorólogos estudian, analizan, asesoran y advierten, son capaces de adivinar o vaticinar su llegada; mucho menos sus consecuencias.

De no hacer lo que se tiene que hacer, lo acaecido en Colón y previamente en las zonas indígenas resultarán ser simples aperitivos ante el voraz y violento atracón que se avecina; en donde los actores principales resultarán ser los olvidados, marginados relegados a las tristes estadísticas de pobreza y extrema pobreza, usuales convidados de piedra, personas esas que precisamente no son bienvenidas al crecimiento económico y grado de inversión que con tanto énfasis promocionamos. Para dimensionar con cifras la problemática existente, el PNUD en su informe de 2010 determinó que el 32%, de la población panameña (cerca de 420 mil individuos) sobrevive (si acaso) con algo menos de un dólar al día.

Para algunos mentecatos, la génesis y única razón de lo ocurrido va aparejada con la borrachera de los indígenas y la flojera de los colonenses; grupos humanos ambos sin dignidad, albedrío, discernimiento y entendimiento; borregos que dirigidos por pseudo líderes transitan hacia el matadero sin más razón que la sola instrucción de sus amos. Allá ellos y su descriterio, los seres humanos no somos objetos prescindibles o desechables.

Parecerá exagerado, pero desde mi perspectiva y respetando opiniones contrarias, una parte importante de nuestro Panamá padece del denominado “síndrome del desorden de identidad de la integridad corporal o apotemnofilia”; enfermedad psiquiátrica que provoca en el individuo un irresistible deseo por amputarse una o más extremidades sanas del cuerpo. Debo aclarar que por su clara connotación sexual se recomienda no utilizar el término apotemnofilia para identificar a los enfermos de este síndrome; pero para los propósitos de este artículo lo utilizaremos como sinónimo de coger, pues eso es lo que desean estos enfermos, apotemnofiliarnos a todos aquellos que desde su enfoque seamos indignos convidados de piedra en la fiesta que pretenden llevar adelante. Para ellos (los apotemnofilios) lo ideal sería extirpar del cuerpo de la nación a todos los panameños y panameñas que de una u otra manera manifiesten ideas contrarias a sus fines y aspiraciones. Eso sí manteniendo ellos la posesión de lo material.

Increíblemente luego de la amputación, el enfermo deja de presentar problemas psicológicos; ya no presenta episodios de depresión y se siente feliz, volviendo a tener una vida dizque “normal”; sin piernas, ni brazos, y en fin, sin todo aquello que sienta que le estorba y que sea el causante de su infelicidad. Lástima que en su distorsionado afán de felicidad, no comprenda que comparte lecho con la muerte.

Compleja y complicada en extremo es la situación de la ciudad de Colón. Históricamente abandonada, “mi ciudad merece un mejor destino”. Muchas cosas se requieren para solucionar sus problemas que son de toda índole y tamaño. Pero por sobre todo se necesita de entereza, palabra que conlleva en la amplitud de su significado, la firmeza, fortaleza, fuerza, integridad, determinación, carácter, rectitud, energía, genio, valor, aguante, aplomo y serenidad de sus ciudadanos.

Si se me permite, una breve sugerencia a los representantes negociadores de las fuerzas vivas de Colón. Teniendo el sartén por el mango (¿por cuánto tiempo? No sé) no hagan leña del árbol caído. Y por árbol caído me refiero a los usuarios de la Zona Libre. Negociar es obtener lo que se puede, no lo que se quiere y menos lo que se crea merecer. Ustedes mejor que nadie saben que los verdaderos y reales problemas de Colón no podrán resolverse de un día para otro. Tomará tiempo y mucho esfuerzo volver a la época de la tacita de oro, y esto implica necesariamente que los residentes de la ciudad hagan un acto de contrición en donde se acepten errores y actitudes por corregir y que no sea un simple saludo a la bandera, repleto de promesas populistas que más que resolver lleven un trasfondo de pan para hoy y hambre para mañana. Poder es la habilidad de convencer a las personas para aceptar tus ideas. Negociar es una forma de convencer. Alejen la soberbia de sus conductas. No destruyan, construyan.

Concluyo expresando que hay palabras que por su contundencia e incidencia jamás debieran pronunciarse, pues su sola presencia (divulgación) exacerba los temores que aparentan querer resolver, sobre todo cuando estas frases salen del morro de algún político al que la realidad usualmente desmiente. Lo sucedido en la ciudad de Colón y las zonas indígenas es una pequeña muestra de lo que ocurrirá si no atacamos frontal e inteligentemente las desigualdades de nuestro Panamá.

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