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EL MALCONTENTO

Despotismo universitario: Paco Gómez Nadal

Despotismo universitario: Paco Gómez Nadal Despotismo universitario: Paco Gómez Nadal
Despotismo universitario: Paco Gómez Nadal

Que la universidad –las universidades– esté en crisis es una evidencia. No parece ya compatible el modelo de universidad occidental que “faculta” a personas para ejercer determinadas destrezas cuando vivimos en sociedades líquidas donde las formas de aprendizaje son nodales, diversas, complejas y alejadas de la cátedra magistral heredada del siglo XVI. Las universidades, en crisis desde hace décadas, tenían sentido como fábrica de pensamiento, como espacio de investigación crítica, como factoría de producción intelectual que enriquecían una sociedad alimentándola de ideas y de individuos dotados de un pensamiento complejo.

Pero las universidades vivieron un golpe de Estado. Al igual que otras instancias de la estructura social, fueron tomadas por el instrumentalismo teledirigido por los poderes financieros y por el denominado mercado laboral.

Se ha tratado de un golpe de Estado nada casual. Las universidades públicas en América Latina fueron consideradas por las élites como un nido inmundo de comunistas: las derechas trogloditas, incapacitadas para asuntos complejos, siempre entendieron que toda persona con pensamiento crítico debía ser comunista y, por lo tanto, presuponía un peligro social. Primero se intentó acabar con ellas con represión y persecución política. Y mucho se avanzó. Después, con el fomento de universidades privadas de dudosa calidad, pero de incuestionable lealtad a la economía política y sus necesidades. Finalmente, dejando que las universidades públicas languidecieran en un espacio irreal, con financiación controlada y, a ser posible, con élites directivas tan corruptas que resultaban fácilmente manejables.

La Universidad de Panamá (UP) tiene mucho de todo esto. Controlada por un rector que no tiene ni un solo éxito de gestión en su currículo que ha regulado a algunos movimientos estudiantiles a su antojo, que ha jugado a favor de los poderes políticos de turno para poder mantenerse 21 años al frente de una universidad que se encuentra en una crisis de dimensiones insondables y tomada por una casta apoyada en un sistema tan clientelar como el que sostiene a la Asamblea Nacional.

Ya se sabe: una placa en la Facultad de Odontología con el nombre del padre del desaparecido Martinelli, una calle con el nombre del rector en ejercicio, un poco de presión estudiantil en la calle cuando hace falta presupuesto, unos permisos para centros privados cuando la compensación conviene…

El drama de la UP no tiene límite. La expulsión de Miguel Antonio Bernal del ejercicio docente solo es el síntoma de la podredumbre. ¿Cómo se denomina a un régimen que expulsa a quien lo critica de forma poco ortodoxa? En castellano sin eufemismos eso se llama dictadura. Da igual el expediente académico de Bernal, no importa si tenía razón o no, da igual que la Universidad debería ser un entorno de pluralidad política y de libertad de expresión absoluta… lo importante es que no haya personajes molestos que puedan poner en evidencia a desnudez intelectual y las posibles corruptelas económicas que esconde La Colina –que la Contraloría parece querer comenzar a mirar–. La autonomía universitaria no puede servir para instaurar un despotismo nada ilustrado que elimine a los enemigos y alimente una corte gris y servil.

Panamá es la gran víctima de este estado de cosas en la principal universidad pública del país. Las carreras de ciencias sociales desmanteladas, el pensamiento reducido a su mínima expresión, una influencia nula en los grandes debates políticos y sociológicos que se deberían alimentar en el país… Entre la Universidad de Panamá y los últimos gobiernos de Torrijos y Martinelli se ha instalado el país del Ifarhu: un país de técnicos y de obreros, de camareras y de limpiadores, de operarios de maquinaria pesada y de poco más. Un país que busca el “aprovechamiento de los recursos humanos” y no la construcción del saber colectivo.

Hace más daño a Panamá García de Paredes y sus acólitos que muchos de los políticos a los que solemos atacar.

La Universidad de Panamá necesita un plan de rescate que la dignifique, la modernice y la convierta en el gran motor intelectual del país. Queda gente digna dentro, hay centros de investigación de suficiente empaque como para cambiar de senda y rescatar a la institución y a sus estudiantes. La alternativa no son universidades privadas para formar a las élites medias del país; tampoco es mirar para otro lado o ganarse el favor de García de Paredes. La solución comienza evitando que este hombre vuelva a ser reelegido en 2016 y llegar a esa fecha con un plan completo y plural para una institución tan importante como el Órgano Judicial o el Electoral. La falta de inversión política en inteligencia colectiva se paga muy cara.

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