ALTO AL DESENFRENO

Desprestigio de la clase gobernante: Roberto Motta Alvarado

En junio de 1987, el entonces teniente coronel Roberto Díaz Herrera acusa y denuncia públicamente a Manuel Antonio Noriega de actos de corrupción institucional. Da a conocer los pormenores de una conducta delictiva que afecta a la sociedad. Al hacerlo, Díaz Herrera, admite su complicidad en todos estos desmanes.

Sus declaraciones motivan a que la Cámara de Comercio convoque a los gremios del sector privado, asociaciones médicas y magisteriales, clubes cívicos y profesionales, a organizar un frente común para enfrentar el agobiante estado de cosas que habían carcomido las fibras más profundas de la república. A raíz de esta convocatoria se crea la Cruzada Civilista, cuyo lema fue justicia, democracia y libertad.

Hoy, 24 años después, siento que la nación panameña se aboca a una confrontación similar, aunque con características diferentes, porque las circunstancias son otras. Cierto es que el país vive un período de gran auge económico que, desafortunadamente, no trasciende a la vida política, social y ética. Los valores cívicos han ido desapareciendo y los signos de corrupción, como el juega vivo e inseguridad ciudadana, aumentan día a día.

A pesar de que la economía panameña crece con una de las tasas más altas en América Latina, las instituciones democráticas se deterioran en forma acelerada. La justicia llega a niveles de corrupción nunca vistos y alarmantes en el poder judicial. La percepción pública nos indica que los fallos de algunos magistrados de la Corte Suprema están al mejor postor.

La Asamblea Nacional parece un circo. Algunos diputados, con sus burlas y chabacanería, le faltan el respeto a quienes los eligieron. Son muchos los diputados que por unos dólares más se cambian de partido, actúan sin ningún sonrojo. ¡Qué triste espectáculo! Lo más deprimente es la elección del presidente de la comisión de presupuesto, un diputado que recientemente protagonizó un acto bochornoso rechazado por toda la ciudadanía, y se le premia con tan importante comisión.

Los partidos políticos son como una comparsa de Carnaval, se mofan e insultan entre ellos para luego abrazarse, cínicamente. Algunos directivos de los partidos, en lugar de armonizar sus diferencias en privado, las ventilan en público, dando una impresión negativa de sus postulados y propósitos. El desprestigio colectivo de los políticos es creciente.

En el Ejecutivo la situación es similar, el Presidente afirma una cosa hoy y dice mañana lo contrario. Es preocupante su afán por controlar todos los órganos del Estado; el marcado autoritarismo es evidente, lo que nos hace recordar épocas que no quisiéramos repetir.

En cuanto a las finanzas públicas, de acuerdo con el Gobierno, estas andan muy bien; aducen que el crecimiento del 9% del PIB y el considerable aumento en los ingresos, producto de mayores impuestos, puede mitigar cualquier problema que se presente en el futuro. La realidad es otra, el déficit fiscal aumentó en más de mil millones de dólares en los últimos dos años. La velocidad de las inversiones anda a un ritmo tan vertiginoso que nos agobia a todos, muchas no son prioritarias y el costo beneficio para el país es dudoso.

Hoy más de dos mil millones se contratan en proyectos llave en mano, los que se pagarán cuando se terminen en la próxima administración. Si sumamos los corredores, Tocumen y Etesa, otro gallo cantaría. Muchos piensan que los ingresos futuros del Canal son garantía para pagar todo esto y mucho más; es como pensar que ganándonos la lotería cancelaremos todas nuestras deudas.

La política de inversiones acelerada no es la más prudente ni conveniente en un mundo tan convulsionado como en el que vivimos. Debemos tener presente que una recesión como la de 2008 puede repetirse con creces. Hay signos de que los problemas financieros en Estados Unidos y Europa se agravan; cualquier crisis mundial podría afectar sensiblemente el Canal y nuestra economía de servicios. Por esa razón, debemos ser comedidos y prepararnos para los años de las vacas flacas que de seguro llegarán.

Los líderes de la sociedad civil y todos los ciudadanos debemos unir esfuerzos para denunciar y censurar el acelerado deterioro y desprestigio de nuestras instituciones. Hagamos un frente común para detener el desenfreno de una sociedad en que los valores éticos y morales se han trastocado. Ante tantos proyectos millonarios, es hora de que reflexionemos y evaluemos, con honestidad, nuestro presente. Ha llegado la hora de actuar con sensatez en el fortalecimiento de nuestras instituciones democráticas.

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