CONSCIENCIA

Una reflexión en el Día del Médico panameño: Rafael de Gracia Ruiz

Durante los últimos 12 meses, diversos problemas han complicado la labor de los profesionales de la medicina en este país. Dentro de los problemas hay tres aristas interesantes, en la que todos intervenimos. Por ejemplo, en el Sistema Público de Salud todavía estamos reajustando y recomponiendo los frutos atávicos de pasadas administraciones incompetentes.

Esto es algo muy serio y, ciertamente, le toca a las autoridades actuales acometerlos con la mayor celeridad y de la manera más certera.

Los ciudadanos cooperan poco con el entorno e incurren en imprudencias y serios atentados contra el medio ambiente y la salud colectiva, lo que ha contribuido de manera contundente a los serios problemas que tenemos con la basura y los brotes de ciertas enfermedades prevenibles, entre otras cosas.

Toca, entonces, a todo aquel que se precie de educar e instruir reforzar su empeño. La lucha no está perdida, pero aún nos falta mucho por mejorar.

En lo gremial, seguimos confrontando problemas con colegas que hablan mucho, pero no hacen nada; que se escabullen de sus jornadas de trabajo con excusas fantásticas o presentan incapacidades espurias, expedidas por otros colegas, quienes –intencionalmente o abusados de su buena fe–“dizque apoyan” al amigo que falsea una enfermedad. Hay otros que se procuran diagnósticos de discapacidad para desquitarse las labores institucionales, mientras que en sus prácticas privadas son mejores que “Dr. House”, sin tener el menor reparo en decir “no voy”, cuando se les requiere, al mejor estilo de los malos taxistas y sin importarles un bledo con el resultado del descuido de sus servicios.

A este respecto, basta ya de pseudohermandades ocultas o tapaderas de bribones. En el país existe un cúmulo de buenas personas, estupendos ciudadanos y excelentes médicos, comprometidos en cuerpo y alma con su vocación, quienes a diario aportan sus mejores esfuerzos y, con mucha frecuencia, de manera silenciosa, dan ese “kilómetro más” sin esperar nada extraordinario a cambio.

Creo en la reciente campaña de la Cinta Chocolate, porque el asunto no es arremeter contra todos los médicos, sino evitar que los malos continúen haciendo daño y nos hagan quedar mal a todos, o que diluyan la responsabilidad de sus faltas e incompetencias entre la buena reputación y los buenos logros de los demás.

Tengo claro que nadie es perfecto, pero hay muchos colegas laboriosos y honestos, indignados por aquellos avivatos del gremio que se escudan en vociferaciones o en interponer recursos legales, para tratar de intimidar a sus superiores y así sacarse el trabajo de encima, empañando la esencia de nuestra profesión. Pero los buenos médicos son más y no deben permitirlo.

Probablemente, hoy los médicos cabales estén pensando en lo sacrificado de la profesión o lo difícil que ha sido enfrentarse a todas las vicisitudes ya conocidas. Aunque seguro recordarán, con gran satisfacción, sus buenos resultados, sus diagnósticos acertados y todas las vidas que salvaron o que trajeron al mundo. Seguro resonarán en sus mentes las sencillas, pero significativas palabras: “Gracias, doctor”, de todas aquellas personas que ayudaron, en buena lid. Por todo esto, tomemos consciencia.

Y para aquellos buenos colegas: ¡Feliz Día del Médico panameño!

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