ROMA

Diputados cumplan con su deber de hacer leyes

En cierto momento de su reinado, el emperador Calígula (12-41 d.C.) se presentó ante el senado romano trayendo consigo a su caballo ‘Incitatus’ (en latín, Impetuoso) y acto seguido, dirigiéndose al pleno de la augusta cámara profirió “He aquí señores, les presento a ‘Incitatus’, el nuevo cónsul de Bitinia”. Tal exceso no correspondía a una acción aislada, este era un acto premeditado y que de manera irónica traducía el desprecio del emperador por las instituciones públicas romanas.

No le era ajena a nadie la antipatía de este y de todos los emperadores por aquellos funcionarios, los cónsules. Estos con su actitud pusilánime y servil, su corrupción, su inoperancia, sus sobrados y excesivos privilegios, su oneroso costo, constituían en conjunto un auténtico lastre para la economía romana. Muchos de estos cónsules, no habían sido capaces de proponer, modificar o abolir una sola ley en años.

Estos señores no se enteraron jamás de su verdadera función: que era legislar buscando los mejores intereses de la patria. Su placentera vida transcurría inmersa en lujos, adulaciones, exoneraciones, viajes, banquetes, etc., todo a buena cuenta de los contribuyentes. Llegar a una cámara legislativa, ha sido relativamente fácil, basta con tener un padrino lo suficientemente influyente o poderoso como se aplica al caso particular de ‘Incitatus’.

Otras veces una buena dosis de ingenuidad y baja autoestima popular, combinadas con un excelente patrocinio o una conveniente cuenta bancaria bastan.

No es este un reto para todos, aunque todos, incluyendo a ‘Incitatus’ pueden llegar a ocupar un puesto de cónsul, diputado, legislador, senador o similar. A la mayoría de estos, cuando ven desnudada su infortunada incapacidad para la misión encomendada es común verles abocados a labores más artesanales, que exigen mucho menos intelecto, pero que son más redituables en concepto de votos: ferias libres, patrocinar canchas, todo muy bien identificado con las letras HD, por supuesto; becas escolares, puentes, carreteras; regalar pollitos.

¿Es posible señores diputados que entiendan ustedes que no fueron elegidos para realizar ninguna de las acciones y propósitos destacados previamente? El Estado no necesita de tan costosos e interesados intermediarios para hacer efectivo su deber ante las necesidades concretas de la sociedad. Creo en la existencia de una cámara legislativa y en la conservación y separación de los poderes del Estado. Lo que no admito es una asamblea de privilegiados a los que además se les premia su incapacidad, corrupción y pérdida de la dirección; que legislan, no en pocas ocasiones, para el propio beneficio, que hacen de todo, menos lo que deben y para quien se deben. Tienen una oportunidad para que le devuelvan el brillo y decoro a la Asamblea Nacional.

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