EL MALCONTENTO

Disculpas ´racistas´ pendientes: Paco Gómez Nadal

Les confieso que he estado hasta el último minuto tentado de escribir sobre las primarias de ese partido que no es partido con nombre de disco compacto. Pensaba especular sobre el papel de Ricardo Martinelli a partir de la elección de su sustituto, buscaba la manera de enlazar el tremendo poder que ha adquirido el clan del disco compacto en el país y los más que previsibles intentos de manipular (más de lo normal) el próximo proceso electoral; incluso, pensé en repetir la sarcástica oda a mi candidata Giselle Burillo como representante del nuevo “surreal punk” en Panamá... pero la verdad es que me agoté solo de pensar en estos asuntos. Así que decidí abordar temas más importantes.

No quería que terminara el denominado como mes de la etnia negra para referirme a esta vergüenza enquistada en la historia de Panamá y del mundo occidental. Los afropanameños son en sí diversos, porque diversa fue la cacería humana que se dio en las costas occidentales de África durante los siglos de negocio esclavista. La mayoría se tranquiliza al pensar que el uso de personas esclavizadas acabó con la abolición de ese comercio humano en el segundo tercio del siglo XIX, pero, como podemos constatar en Panamá, la servidumbre de los africanos arrancados de su tierra y su vida perduró hasta hace relativamente poco. La “importación” (como si fueran cosas) de miles de antillanos para construir con su sangre el tren interoceánico o el Canal, la represión de sus huelgas y levantamientos contra las inhumanas condiciones de vida, y la perpetuación del Silver Roll como sistema de segregación racial muestran un patrón de desprecio y aprovechamiento brutal de la fuerza de trabajo de miles de afroantillanos. Jamás se les ha pedido disculpas, al menos que yo sepa. Quizá debió ser lo primero que se tuvo que hacer cuando la administración del Canal pasó a manos panameñas. La historia deja heridas indelebles y es con memoria, justicia y reparación como se consigue suturar esas cicatrices infectadas. Designar un día bajo el título de “Etnia Negra” es un paso a la visibilización de uno de los colectivos más numerosos, diversos y ricos que tiene el país, pero es claramente insuficiente.

Hay otras disculpas pendientes y todas tienen que ver con el enriquecimiento de sociedades o grupos de personas a punta de explotar el trabajo de otros en condiciones de esclavitud u otras modalidades de servidumbre. Europa financió su revolución industrial, la entrada a la llamada modernidad y buena parte de su poder con el comercio triangular negrero. El poder de los actuales consorcios británicos rezuma sangre africana, igual pasa con el esplendor rentista de los españoles, el poderío en el comercio marítimo de los holandeses, o la riqueza sin límite que los monocultivos de azúcar dejaron en Francia. Nunca se ha escuchado una disculpa de estos Estados o de la Unión Europea que los reúne. Tampoco a los pueblos originarios que soportaron la invasión y el etnocidio.

El olvido es una poderosa arma de control social y político; la folclorización, un mecanismo habitual para desarmar la identidad de colectivos excluidos por el colonialismo. Celebrar la herencia y la actualidad afroamericana no se puede reducir a una feria gastronómica o a unos bailes congo; igual que dignificar la imagen de los pueblos originarios no tiene nada que ver con llevar a los turistas a una aldea emberá para que vean una vida simulada que corresponda con su imaginario del “buen salvaje”.

No hay en Panamá ningún crisol de razas, sino la acumulación en capas segregadas de poblaciones esclavizadas o explotadas que han logrado sobrevivir a las durísimas condiciones de trabajo y a la permanente agresión del poder empresarial y político. No es casual que en Panamá se pueda contar con una mano los afrodescendientes en cargos públicos o privados de importancia; de esa mano nos sobran los cinco dedos si se trata de encontrar indígenas en dicha situación. A nadie, sin embargo, le sorprende que el cocinero, la mesera, el dependiente o la conductora sean afrodescendientes o indígenas. Sigue el Silver Roll y continuamos sin una disculpa por el pasado y sin un propósito de respetar la diversidad desde la igualdad en el presente.

Panamá es racista, como lo son casi todos los países del occidente cristiano capitalista. Lo han denunciado mil veces las organizaciones étnicas del país, lo ha confirmado la ONU en su Comisión para la Eliminación de la Discriminación Racial (CERD). Es tan grave la situación, que por eso me da pereza escribir de las primarias del CD o de las broncas del PRD o de las estupideces de los partidos satélite... ni responden a la diversidad identitaria y social del país ni tienen planes para armonizar los intereses de toda la población sin tener en cuenta factores étnicos o económicos. El mes de la etnia negra es una oportunidad para reflexionar sobre el falso tópico del “crisol de razas” y para comenzar a construir desde abajo la sociedad plural que desde arriba se perpetúa por interés propio.

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