COMPORTAMIENTO DE LOS JÓVENES

Educación mediatizada: Hipólito Gill Suazo

La educación se ha convertido en una de las tareas más difíciles de hoy en día. Los intereses comprometidos de toda clase dificultan el proceso comunicativo y, fundamentalmente, social que implica la educación. La complejidad de esta tarea aumenta cuando está dirigida a la población más sensible y crítica de la sociedad: los adolescentes o jóvenes. Los intereses de este sector, caracterizado por idealismos y modelos de justicia, propio de esta fase compleja de la vida –a pesar de que se haya querido “vender” una idea distinta sobre el rol que en el medio social deben cumplir ellos– ha puesto al descubierto las contradicciones entre los intereses prevalecientes o dominantes y los requerimientos naturales que caracterizan a la adolescencia y a la juventud.

Jean Piaget, cuando se refería al desarrollo o evolución de esta fase de la vida, puso de manifiesto la beligerancia y agresividad de este sector de la población, al señalar: “Al contrario, lo que resulta sorprendente en el adolescente es su interés por todos los problemas inactuales, sin relación con las realidades vividas diariamente o que anticipan, como una desarmante candidez, situaciones futuras del mundo, que a menudo son quiméricas. Lo que resulta más sorprendente es su facilidad para elaborar teorías abstractas. Hay algunos que escriben y crean una filosofía, una política, una estética, o lo que se quiera. Otros no escriben, pero hablan. La mayoría de ellos incluso hablan muy poco de sus propias producciones y se limitan a rumiarlas de forma íntima y secreta. Pero todos ellos tienen teorías o sistemas que transforman el mundo de una u otra forma”. (Jean Piaget, Seis estudios de psicología, gráficas diamante, Barcelona, s/f, p.83).

En este proceso educativo pueden intervenir –e intervienen– circunstancias que impiden, limitan o dificultan el logro de los objetivos propuestos por las instituciones –formales o informales, oficiales o no oficiales– que tienen el compromiso de educar a los jóvenes. La desintegración familiar, la carencia de recursos, la incredulidad en sus líderes o la inexistencia de ellos, la ideología de la moda, la transferencia tecnológica, la manipulación en diversos órdenes, son algunas de estas causas. Se trata de la influencia de factores tendenciosos e interesados en transmitir o transferir actitudes, conductas, códigos o valores distorsionados, incluso incompatibles con las necesidades individuales y sociales de sus presuntos “beneficiarios”, es decir, los jóvenes, al imponer modelos o prototipos de comportamientos contrarios a su propia subsistencia. Esta realidad explica, en cierta medida, la supuesta apatía que ellos demuestran sobre temas fundamentales para su futuro, por ejemplo, su participación ciudadana en asuntos esenciales: educación, cultura y en la designación de las personas que han de administrar los recursos de la comunidad a la que pertenecen.

Educar en valores cívicos, sociales, políticos y electorales, se ha convertido en una ardua labor de los docentes, porque los jóvenes se encuentran enfrentados a obstáculos y a posiciones intransigentes que a veces –consciente o inconscientemente– provienen de sus propios destinatarios, es decir, que lo más desconcertante es que los jóvenes no tienen aparentemente interés en el debate ciudadano ni en las decisiones sobre los temas fundamentales del Estado. Se trata, al parecer, de una forma de protesta en contra de una realidad impuesta que no pueden cambiar o revertir fácilmente. Como se ha dicho en este mismo medio, en relación con este complejo problema: “Y entiendo que es un síntoma de vigor y de esperanza, porque expresa una disconformidad con una realidad social que no les gusta. Por injusta e insegura, por imprevisible e insolidaria, porque no pueden comprenderla y no encuentran su puesto en ella. Ese malestar lo expresa a gritos o con silencio que hieren, encerrándose en sus cuartos o aislándose tras los auriculares que les conectan a los MP3”. (Desesperanzados y confusos, José Carlos García Fajardo, La Prensa, Perspectiva, 16/02/2014).

En el aula de clases se observa que los alumnos están distraídos, descreídos y envueltos en problemas individuales, familiares y sociales de complejidad mayor. Las causas de este fenómeno son también diversas. Hay quienes creen que el problema no es la educación en sí misma, sino la desigualdad en su administración, pues no todos tienen las mismas oportunidades ni reciben de manera igualitaria una educación de calidad. (Pablo Gentili, Pedagogía de la igualdad, Siglo XXI editores, Buenos Aires, 2012). Pero, el tema tiene raíces más profundas, pues se trata de una población con sus propios intereses, estilos y modos de expresar su pensamiento y la visión del mundo, que quieren cambiar o transformar, como señaló Piaget.

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