CRÍTICA

¿Educador o tutor?, esa es la pregunta: Aramís Averza Colamarco

La Real Academia Española de la Lengua define educador como “aquel que educa”, y la acción de educar implica “desarrollar o perfeccionar las facultades intelectuales y morales del niño o del joven”, que asiste a la escuela para recibir la enseñanza obligatoria. Mientras que el tutor “es un profesor privado que se encargaba de la educación general de los hijos de una familia”. Planteamos estas definiciones porque, en la actualidad, en la mayoría de las escuelas de Panamá (privadas y públicas) encontramos a muchos docentes que han olvidado el sentido por el cual se crearon las escuelas; simple y llanamente, para que una mayor cantidad de estudiantes recibiera una adecuada escolaridad, en un solo conglomerado (escuela). Esto garantiza que la educación llegue a más estudiantes a un menor precio.

Lo expuesto implica que el compromiso de la enseñanza se basa en que el mayor empeño y esfuerzo debe realizarse en la escuela, por eso pagamos para que eduquen a nuestros hijos. No pagamos para que los profesores sirvan solo como tutores, que se limitan a dar instrucciones para que los estudiantes desarrollen las distintas asignaciones en casa. Pagamos porque esperamos que las escuelas se realicen la mayoría de las actividades, sean estas prácticas, construcción, instrucción, validación, etc. Este fenómeno del “tutor”, lamentablemente, se ha esparcido como una epidemia y es rara la escuela en la que usted le pregunte a los padres de familia y estos le contesten que todo está bien, que los niños realizan la mayoría de las actividades en el plantel. Una y otra vez, la respuesta es la misma: les dejan un millón de cosas que hacer y/o estudiar, pero para que las desarrollen “en la casa”; contrario a lo que se hacia antes.

Esto trae como consecuencia inmediata el hastío de estudiantes y padres, que no visualizan la oportunidad de poder compartir en familia otras actividades, que no sean estudiar, armar, pegar, pintar, investigar, etc. Y ese cuento que esgrimen algunos, de que esto es con el fin de formar el carácter que se requiere para estudiar en la universidad, es mentira. Muchos de los que hoy somos padres asistimos a colegios en los que se impartía la educación adecuada, con el menor consumo del tiempo en nuestras casas, y créanme que hemos pasado, con éxito, por licenciaturas, maestrías y doctorados.

Hace unas semanas le decía al subdirector de un colegio privado, que me preocupaba que el sistema del trimestre no contemplara incrementar los minutos de clases. Su respuesta fue tajante, si los profesores se programan y se preparan, adecuadamente, el tiempo es suficiente.

Lamentablemente, la preparación del material que hacen muchos profesores deja mucho que desear; algunos creen que con mandar a los alumnos a hacer cuadros conceptuales en sus casas, ya impartieron la materia, eso es inaceptable. Nuestros hijos demandan mejores explicaciones, con más énfasis y prácticas, que les permitan tener mejores resultados.

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