OPORTUNIDADES ´FICTICIAS

¿Empleo evita delincuencia?: René Quevedo

En Panamá, hasta mayo de 2012 el índice de desempleo era de 4.5%, y según el Ministerio de Trabajo había 380 mil contratos de trabajo, cien mil vacantes, y se presentaron 500 renuncias diarias en la empresa privada. En nuestro país debería haber trabajo “para todo el mundo” y la criminalidad “debería ser” algo esporádico. Los gobiernos han hecho grandes esfuerzos e inversiones para que el desarrollo económico se traduzca en empleo para todos, pero el boom y consecuente aumento en la demanda laboral han tenido el efecto contrario, la delincuencia ha aumentado y los niveles de criminalidad seguirán altos. ¿Quiere decir esto que aquí “riqueza” no necesariamente significa “bienestar”, sino “criminalidad”, también? Trivializar la discusión con aseveraciones como “la delincuencia es parte del progreso” poco ayudan. Insistimos en centrar el análisis en los aspectos “coyunturales” de una problemática estructural.

En Panamá, uno de cada cinco ciudadanos es un menor de edad pobre, solo el 38.6% de los jóvenes en edad escolar va a la escuela y, de este porcentaje, apenas el 17.7% llega a la universidad. En otras palabras, el 93.2% de nuestros niños no tendrá acceso a una educación universitaria. De hecho, 52.8% de todos los jóvenes panameños entre 11 y 17 años no va a la escuela, y 56% de los estudiantes entre 15 y 18 años la abandona por motivos diversos, mayoritariamente económicos

Un estudio del Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales y la Fundación Friederich Ebert (2011) señala que en Panamá una persona necesita 13 años de educación para tener ingresos mayores al salario mínimo, un requisito que solamente cumple el 19.1% de los jóvenes de las áreas urbanas y el 7.3% de los jóvenes que habitan en zonas rurales, y un informe de USAID/Alcance Positivo (marzo 2011), reveló que el 83% de los jóvenes en nuestros barrios populares afirma que las oportunidades de empleo para ellos no han mejorado. Ante el continuo encarecimiento de la vida y el cada vez más competitivo mercado laboral, estas cifras auguran una “cantera prácticamente inagotable” de futuras generaciones de delincuentes, a menos que hagamos algo por aliviar el hambre, mejorar la cobertura educativa y reducir la deserción escolar.

Por otro lado, Panamá tiene el índice de presos por habitante más alto de Latinoamérica, con una superpoblación carcelaria cercana al 80%, en un sistema penitenciario en el que el 66% de los presos no ha recibido condena y la reincidencia delictiva es superior al 60%. A pesar de los múltiples esfuerzos de resocialización, los resultados son más anecdóticos que estadísticos, y tanto la efectividad como la sostenibilidad de la reinserción laboral como proceso a largo plazo se desconocen. “Disponibilidad de” y “acceso a” empleos no son sinónimos. Los “enemigos” del progreso son el hambre, la injusticia y la alienación social. Mientras la educación siga siendo un “privilegio al alcance de pocos” y tres de cada cinco presos liberados tenga que delinquir para subsistir, seguiremos contando muertos, rogando que “no nos toque a nosotros”, y hablando de oportunidades “ficticias”.

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