EL MALCONTENTO

Ética y estética: Paco Gómez Nadal

Estupefacto estoy aún. Trato de recuperarme del impacto. Pero va a ser difícil. Yo creía que había visto y escuchado ejemplos de populismo suficientes en mi vida, también de cinismo político. De hecho, la política contemporánea está alimentada por esos dos vicios y tamizada toda ella por la mentira, pero lo de ayer superó todas mis expectativas.

Hasta donde yo tengo entendido, Ricardo Martinelli ha presumido, hasta el hartazgo, de tener un gobierno de empresarios, pero ayer llamó ladrones, aprovechados y otras cuantas lindezas a los empresarios de Panamá. Hasta donde sabíamos, sus méritos para ser Presidente de la República no pasaban por haber leído mucho o haberse formado en administración pública, sino en ser millonario. Mejor dicho, en haberse convertido en millonario en un tiempo récord que no aguantaría ninguna auditoría independiente. Pero ayer se presentó ante el país como Robin Hood, dispuesto a quitarle a “los poderes económicos” lo que sea necesario con tal de repartirlo entre el pueblo. Dijo que este no es momento de lucha de clases, pero ayer incendió los rastrojos de un país crispado quizá, y esto solo es una especulación, para tratar de trepar en las encuestas que le revelan, como el espejo de la bruja, que su popularidad cae a la misma velocidad que su veneno. El de ayer es uno de los peores discursos que recuerdo. Plagado de un falso lenguaje popular (eso de pensar que el “pueblo” habla mal...), grosero, vacío y confuso. El Presidente ayer se mostró como el protagonista de todo lo bueno sin hacer ni una sola referencia a los problemas que afronta el país. Si le hiciéramos caso, hasta los éxitos de los equipos deportivos escolares hay que atribuírselos a él. Nos pintó una cruzada: la de los buenos, representados en un gabinete de mártires dispuestos a inmolarse por la patria, contra el resto del mundo, conformado por corruptos, alimañas y seres egoístas. En medio, el pueblo, esa masa informe tan estúpida como para necesitar a un mesías que a punta de globos gigantes y túneles de Metro los va a llevar hasta el paraíso.

Martinelli mintió cuando dijo que hay separación de poderes en Panamá, mintió cuando dijo que las licitaciones son más transparentes que nunca, mintió cuando aseguró haber reducido el costo de la canasta básica familiar y mintió cuando insinuó que, hasta su llegada, Darién no era parte de la soberanía de Panamá.

Si faltó a la ética en ese kilométrico relato de ficción de “Ricardo en el país de las maravillas”, también destrozó la estética al “rofiar” y utilizar ese lenguaje batallonero, patriarcal, de gallo de pelea... Buen ejemplo para los jóvenes, quienes deducirán que para llegar a ser Presidente no hay ni que pasar por la escuela ni pasar por la conciencia.

Sin embargo, Martinelli perdió la oportunidad de dar algunas explicaciones en temas clave. Por ejemplo, sobre los casos de corrupción en la titulación de tierras; el incumplimiento de los acuerdos con la Unesco, con los indígenas ngäbe o, incluso, con sus exsocios de gobierno; sus íntimas relaciones con Lavítola y el entramado mafioso de la Italia berlusconiana; la protección ilegal de una alta funcionaria colombiana buscada por la justicia de su país por crímenes de extrema gravedad; sobre la relación entre su jefe de Policía y su exjefe recién llegado extraditado desde París; sobre la violación de los derechos ciudadanos con el pele police; sobre la expulsión y hostigamiento de periodistas y activistas sociales; también, sobre el desastre en la implementación del Metro Bus; la violación de los derechos humanos y la falta de transparencia pública denunciadas por organismos nacionales e internacionales; sobre la destitución de la procuradora general del Estado, Pamago y José Abel Almengor; sobre la relación no aclarada del ministro de Turismo o de la ministra de Trabajo con el narcotráfico y el lavado de dinero; sobre la exdirectora de Migración que ha escondido a la misma velocidad que se engavetaron las denuncias por su gestión corrupta; sobre el mecanismo de consulta popular para las “grandes decisiones” que nunca se ha atrevido a poner en marcha; sobre...

La lista es casi tan larga como la retahíla de mentiras vertida ayer. No tengo esperanza de que las conteste. Hasta ahora, el Presidente pasa por encima de los escándalos, porque sabe que él y los suyos tienen impunidad porque controlan la Asamblea Nacional y la justicia. El dios Sol sacó ayer su lado más oscuro y provocó un eclipse. Cierto es que uno de sus peores clones, José Raúl Mulino, ya lo advirtió hace tiempo: “No crean que nosotros [el gobierno] somos mancos o mudos, y si quieren ir a un cuerpo a cuerpo, a lo mejor vamos a salir cortados todos”. Lo que no calcula esta banda peleona es que el poder absoluto se pierde más pronto que el poder equilibrado. Sin ética y sin estética, el único recurso es la fuerza bruta. Estupefacto estoy.

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