RELACIONES

Expectativas por la visita de Obama a Cuba: Belisario Herrera A.

La concordancia entre el presidente Barack Obama y los máximos estrategas del Gobierno estadounidense respecto al acuerdo para la normalización de relaciones diplomáticas con Cuba es bien vista por analistas imparciales, pues constituye un avance significativo hacia negociaciones más profundas que logren el cese de las confrontaciones entre ambos Estados durante más de medio siglo.

En la medida en que se dialoga, nada debe interrumpir los progresos. Si se sigue una agenda realista y de mutuo respeto, al final del camino cristalizarán los lazos de paz y amistad. Así será si, como se espera, ninguna de las partes pretende imponer su verdad.

La visita que en breve hará Obama a Cuba, en atención a la formal invitación que le ha hecho su homólogo Raúl Castro, ha de constituir un encuentro de enorme trascendencia. Se espera que, libre de acoso, el visitante sea capaz de ofrecer algunas primicias de su parte como premio Nobel de la Paz, y conforme a las facultades legales y constitucionales que le otorga el sistema jurídico de su país y el derecho internacional, al menos para abordar el tema de la devolución a Cuba de la Base Naval de Guantánamo.

Con ese gesto mostraría ser coherente con su promesa de campaña de eliminar la prisión en dicha base y, además, permitiría avanzar más en el proceso de normalizaciones entre ambos gobiernos.

Este punto neurálgico me hace recordar el enclave colonial que sufrimos los panameños durante casi un siglo en la antigua Zona del Canal, que desapareció tras el cumplimiento de los Tratados Torrijos-Carter, cuando al final del año 1999 se produjo el retiro del último soldado estadounidense.

Proporciones guardadas, y justo es consignarlo, urge que se le haga justicia a Cuba. Hay que recordar que en el caso de la isla, ese enclave fue posible con la Enmienda Platt impuesta en la Constitución cubana de 1902, lo que guarda alguna semejanza con la Convención de 1903 en nuestro país, porque ningún panameño la firmó.

Pensando en esta visita del presidente Obama a Cuba, estimo que la nueva administración estadounidense que surja en las elecciones de noviembre próximo debe darle seguimiento a estos planes estratégicos renovados. Atisbo una óptica más realista, en la que es posible erradicar las viejas confrontaciones entre los pueblos y gobiernos mediante el imperio de la razón.

De manera que el presidente Barack Obama está a las puertas de recibir del pueblo y el Gobierno cubano una calurosa bienvenida, de la que se esperan las señales concretas que han de propender al establecimiento de relaciones amistosas y duraderas. Esto depende, claro está, del definitivo levantamiento del bloqueo comercial y financiero estadounidense contra La Habana.

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