RESPONSABILIDAD COMPARTIDA

Expresión con libertad: Pedro Ernesto Vargas

Gracias a una inmensa mayoría silenciosa, los políticos acostumbrados a engañar y engañarse juzgan que sus palabras y sus actos no son desaprobados por las mayorías. Gracias a la maraña de amigotes, que como antihigiénicas moscas merodean, pisotean y hociquean las mieles, los gobernantes son desinformados, desprevenidos o celebrantes, y aprenden a gozar ese estado de ignorancia y ese desprecio por las mayorías.

Gracias a un sistema imperfecto, en el que la democracia es solamente elegir, en el que las instituciones están al servicio invertebrado de quienes gobiernan y no de los gobernados, la democracia no desarrolla su verdadero sentido de respetar y representar los intereses de las mayorías, que se instrumenta con la discusión amplia entre todos los segmentos de la sociedad. Y, gracias a todo esto, cada quinquenio nos equivocamos.

Comencemos por expresarnos sin temores. Mientras exista un solo hombre o una sola mujer con temor a expresarse propiamente, no existe libertad de expresión, no importa cuanto se cacaree sobre tal existencia.

La libertad de expresión concede otro derecho, el de equivocarse, pero el equívoco de las gentes no es para el gobernante la enzima que acelere la imposición del silencio para aquellos, cualquiera sea el método de predilección de quien se ha sentido agredido.

La misma responsabilidad de quien emite un concepto se le exige a todos, no importa el lugar donde estén, la posición que ocupen, lo que representen. Pero es una exigencia moral. Quien exige respeto tiene que demostrar respeto.

Toda verdad se puede decir con propiedad y se debe decir con volumen. La mentira no solo proviene de quien acusa, el acusado que es corrupto recurre a ella más veces que las veces que la utiliza quien denuncia.

El voto popular electoral es una forma de expresarse con libertad, aunque no pocos candidatos a puestos de elección, propendan con recurrencia, incluso, a coartar esa libertad con prebendas preelectorales, el camino a los privilegios deshonestos y desagradables que le siguen.

El panameño no es el que vota por costumbre contra el partido gobernante. No nos equivoquemos nuevamente. El panameño pasa una factura legítima al desgobierno, pero con el agravante de caer nuevamente en manos de otro igualmente facturado antes, o peor, y de indescifrables consecuencias, de uno que promete un ansiado cambio mientras cuece en sus entrañas los nutrientes de la corrupción, del enriquecimiento majestuoso e ilícito, o de la permanencia inmoral con leyes y artimañas que encuentran lecho entre juristas y legisladores, cuando el poder es absoluto o la corrupción rampante y bien pagada.

Solemos decir que “cada pueblo se merece el gobierno que tiene”. Esta frase repetida fácilmente es un atajo para aceptar el utilitarista “borrón y cuenta nueva”. Pero no es así de fácil. Los gobiernos que los pueblos tienen, pronto o luego, dejan de merecer el mandato que estos le han conferido. Desacierto que se descubre más o menos tarde, más o menos temprano, pero que legitima y da paso al “voto castigo”, bien merecido.

Ojalá existiera el mecanismo temprano, democrático, respetuoso y libertario de deshacernos inmediatamente de esos gobernantes y desgobiernos, pero mientras no lo encontremos, tendremos que esperar cada vez el vencimiento desgastante de tales períodos.

Y, en aquellas condiciones que aún no conocemos a cabalidad, como un buen gobierno y no solamente un acto de buen gobierno, el premio tampoco es la reelección de nadie.

Una cosa es reelegir un sistema de gobierno e, incluso, una ideología gobernante, y otra cosa es reelegir a un hombre o a una mujer como si no hubiera iguales o mejores ciudadanos para los cargos de elección. La reelección es una grave manifestación contra la expresión en libertad, aunque sea utilizada como libertad de expresión.

El voto popular en libertad es quizás el momento cumbre de la expresión en libertad, pero no siempre resulta en momento cumbre para enderezar hacia la madurez política, que no es la madurez del gobernado exclusivamente, sino también y prioritario, la madurez del gobernante, del político. Aún así, es también oportunidad y mecanismo.

Cuando el materialismo sea vencido por el humanismo, en el que el otro está primero y yo también soy el otro frente a otros, la rectitud y la honradez serán guía de todos los actos del gobernante, la justicia social la condición por alcanzar, la libertad el don por el cual luchar. Todo lo demás por lo que a diario clamamos: educación, salud, alimentación, seguridad, vivienda, prosperidad y bienestar, viene por añadidura.

Esto impregnará a toda la sociedad y a cada uno de nosotros; y la corrupción, ese escenario cochino y repugnante que maniata al hombre común, como víctima o victimario, no será la moda ni el estilo de vida para las generaciones nuestras.

Comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial por la Democracia, S.A.

Conquista

La Prensa en alianza con el Pulitzer Center invita a sus lectores a una experiencia inédita de periodismo transmedia. Una historia sobre la costa Atlántica que pone en cuestionamiento qué tipo de desarrollo queremos para nuestro país. Haga clic en la foto.

Por si te lo perdiste

MONITOREO Alerta verde se extiende por 24 horas

Donderis pidió a la población prestar atención a los comunicados oficiales y seguir las recomendaciones a fin de no poner en riesgo sus vidas.
Tomada de @Sinaproc_Panama

Última hora

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Directorio de Comercios

Loteria nacional

13 Dic 2017

Primer premio

0 4 5 4

DAAD

Serie: 7 Folio: 1

2o premio

1238

3er premio

1041

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Caricaturas

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código