LECCIONES HISTÓRICAS

Fidel y el barco de la discordia: Javier Comellys

Fidel Castro, el octogenario y legendario dictador de Cuba, es un personaje controvertido. Él planeó el asalto al cuartel Moncada en 1953, y dirigió desde su centro de operación, la Sierra Maestra, una sangrienta revolución que derrocó al entonces general y dictador Fulgencio Batista en 1959. Se tomó el poder a sangre y fuego, obligando la huida estrepitosa y forzosa de Batista a Santo Domingo, y de sus más cercanos oficiales y colaboradores, corruptos de la politiquería cubana.

Tras asaltar el poder, el siguiente paso fue el adecentamiento del país, la erradicación de la corrupción y el gansterismo establecido por la oligarquía plutocrática, un mal que padecía la sociedad cubana desde los tiempos del presidente Carlos Prío Socarrás. Así los “camaradas” empezaron la persecución macabra contra todos sus adversarios, los más allegados y conspicuos colaboradores del régimen batistiano. El pánico, la incertidumbre y un sentimiento de temor se apoderaron del pueblo cuando cientos de disidentes fueron a parar a los paredones de fusilamiento. Tanto los corruptos que quedaron de los altos mandos de la cúpula militar, y los civiles que la turba señalaba como los “orejas” fueron arrastrados por las calles de La Habana, asesinados unos y torturados otros, en las mazmorras y calabozos.

Dos años después del derrocamiento de Batista, en 1961, Estados Unidos, con expertos de la Agencia Central de Inteligencia y disidentes cubanos en el exilio, elaboró un plan al que denominó operación Pluto, cuyo objetivo específico era invadir Cuba y derrocar al régimen opresor de Fidel Castro. La invasión fue financiada por la CIA, que a su vez entrenó y armó a los insurgentes, quienes, posteriormente, desembarcaron en playa Girón, precisamente, en la bahía de Cochinos, pero por la falta de experiencia en la guerra de guerrillas, sufren una humillante derrota, ya que en menos de 72 horas fueron aplastados, detenidos y asesinados por las fuerzas revolucionarias de la contrainsurgencia al mando de Fidel, quien decide declarar y proclamar el carácter socialista de la revolución, con el apoyo de la Unión Soviética, que empezó un programa de asistencia al régimen en lo relacionado al asesoramiento económico, social y militar. Por esto, los analistas en política exterior consideraron que se sustituyó una dictadura por otra, que tuvo como consecuencia la esclavitud del pueblo cubano.

Actualmente, Fidel y los longevos gobernantes que le asisten solo representan fantasmas, el espectro de un tiempo que pasó. Un anciano que se encuentra en el ostracismo de una existencia que toca el fin. Como dirían los gerontólogos, el padecimiento del síndrome de la involución histórica, biológica y mental, que no le permite discernir entre lo bueno y lo malo. De ahí su incapacidad de adaptación a una conducta promedio, originaria de un estado senil que le impide distinguir entre las normas legales de la sociedad o el entorno en que se desenvuelve toda persona, y los acuerdos y tratados internacionales impuestos por las Naciones Unidas en lo que se refiere, específicamente, al embarque y transporte de material bélico, armas letales, a través de los océanos del mundo.

Tal como ha sucedido con el barco Chong Chon Gang, de bandera norcoreana, que ya había pasado por el Canal, y que a la vuelta quedó atrapado por las fuerzas de seguridad del Estado panameño, por pretender cruzar nuevamente la vía sin haber declarado el traslado de mercancía de alto riesgo a las autoridades respectivas, violando e incumpliendo acuerdos internacionales de la ONU, especialmente sobre el embargo y veto que tiene Corea del Norte en la importación y exportación de material bélico, armas de guerras, aviones caza Mig-21, explosivos y misiles obsoletos de la segunda mitad del siglo pasado, pero que según los expertos pueden disparar ojivas químicas y nucleares.

Es decir, una “bomba de tiempo” (o qué se yo) deambulando alegremente, como delfines por los mares del mundo, pretendía pasar por nuestro Canal, sin que nadie se percatara de su contenido, como si los panameños fuéramos boboletos, que no es igual a decir bonobos, una especie de simio.

Por el otro lado está Kim Jong-Un, un jovencito sin experiencia, pero al que le gusta jugar a la guerra; que ladra ferozmente pero no muerde; a quien le gusta atizar la candela, pero retira la mano para no quemarse, es el actual gobernante de Corea del Norte y aliado incondicional de Fidel Castro.

Kim cultiva e intensifica el culto a la personalidad por herencia –comunista por inducción no por convicción–. Su gobierno controla, con puño de hierro, todos los medios de comunicación para imponer su propaganda socialista, y está marcado por una feroz represión contra sus opositores, reales e imaginarios.

En vez de mostrar esa bravuconería bélica y amenazas de guerra transportando armamento prohibido por las Naciones Unidas, debería dejar de jugar con sus nintendos y desempolvar los libros de historia que le dejaron sus abuelos, leer y reflexionar sobre las atrocidades que se cometieron en la Primera y Segunda Guerra Mundial, los millones de muertos que se produjeron, y los efectos y secuelas que dejaron las bombas atómicas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki, precisamente, hace 68 años, en un mes de agosto de 1945.

El mandatario norcoreano debe verse en ese espejo, antes de jugar a la guerra y hablar bravuconerías.

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