CONSECUENCIAS DEL CLIENTELISMO

¿Frenadeso al poder?

No, no me volví loco, lo veo posible, dada nuestra realidad. No hay que ser politólogo para comprender que esa alternativa está en el horizonte. Basta observar la evolución de muchos países latinoamericanos para entender que, tarde o temprano, el juego democrático puede poner a Frenadeso en el poder.

En Panamá, el primer paso ya lo dieron, al aceptar organizarse en un partido político y someterse a las reglas de la democracia electoral, dejando a un lado el discurso de “tomarse el poder y refundar el país desde una constituyente originaria que cambie reglas del juego”. Una revolución social en un país como el nuestro, parece poco factible.

En todos los países donde las izquierdas llegaron al poder (exceptuando a Chile), el mecanismo es muy parecido. La “democracia” de clientelismo, corrupción y negociados se torna en el modus operandi de todos los gobiernos. Aparecen opciones de izquierda que son rechazadas bajo amenaza de que si ganan, nos impondrán un sistema quasi-cubano con expropiaciones, encarcelamientos y miseria generalizada. Según el libreto, la opción “izquierdista” se rechaza, dando una última oportunidad a los políticos de siempre o a sus análogos, que enarbolan banderas de cambio con la promesa de excluirse de las perniciosas prácticas que nos incomodan.

Cuando el tiempo pasa, su forma de gobernar es idéntica a la que cambiarían por lo cual, tarde o temprano, la opción de izquierdas cosecha los frutos de la indignación (la palabra de moda), ganan las elecciones y constituyen gobiernos impredecibles. Puede resultar un populismo tan irresponsable como el de Hugo Chávez, capaz de llevar a la bancarrota a una economía petrolera, o en un gobierno con desarrollo económico, sacando a mucha gente de la pobreza, como Lula da Silva.

Lo que sí es necesario, es dejarnos de los clichés tan arraigados en nuestra mente. Cito algunos:

1. “En Panamá la gente no quiere el comunismo”: para comenzar, el comunismo ya no existe. Hasta Cuba y China son capitalistas a su modo. Los cuatro maleantes que tiran piedras desde la universidad, no entienden que sus consignas ya no las enarbolan ni el mismísimo Fidel.

2. “Los panameños nunca votarán por los ñángaras”. Otro cuento. Los panameños, como cualquier ciudadano del mundo, votarán por quien les ofrezca alternativas. O por quienes representen algo diferente a lo que no les gusta. A nadie en el Sistema Solar se le hubiera ocurrido que, cuatro años después de la invasión de 1989, un tercio de los panameños elegirían a un gobernante del partido de los militares.

3. “La izquierda no tiene líderes”. Si bien en Panamá nunca han tenido mucha cohesión, se debe reconocer que Frenadeso y Suntracs han funcionado alrededor de una dirigencia que, aunque no creo que representan (como ellos pretenden) a “las grandes mayorías del pueblo”, tienen un poder de convocatoria real que, quien no quiera verlo, está tratando de tapar el sol con un dedo. Entre esos grupos, algunos dirigentes han sabido manejar sus opiniones con moderación, para ser tomados en cuenta como personas observadoras, cerebrales y capaces de elaborar ideas para defender sus posiciones. Otros, parecen papagayos que repiten el eslogan del folletito que leyeron en la clase de adoctrinamiento. Que hoy solo tengan 3% en las encuestas no significa nada. El presidente Martinelli no llegó al 6% en su primera campaña y cinco años después sacó el 60%.

4. “Panamá es de derechas”. Como lo eran Venezuela, Brasil, Ecuador, Bolivia y Perú. Estos países tienen gobiernos de izquierda, elegidos por los ciudadanos. Y, en general, no ha sido por razones ideológicas ni económicas. Ha sido por la degeneración de la política como se practica en nuestros países. Para elegirlos, solamente fue necesario que el hastío llegara al nivel necesario para justificar darles una oportunidad.

5. “Un gobierno de izquierdas sería el fin del país”. Hasta ahora, en 100 años de vida republicana, Panamá nunca ha tenido un gobierno izquierdista (la socialdemocracia del PRD que se la cuenten a otro). La mayoría de los presidentes electos (los designados por el dedo uniformado son mantequilla), han provenido de grupos de una supuesta “élite” económica y social. Solo hay que abrir los periódicos para ver todo lo que pasa en nuestro entorno: corrupción, impunidad, tráfico de influencias, clientelismo político, transfuguismo, falta de principios y demás lacras de nuestra fauna política. Si nunca hemos tenido un gobierno de izquierdas… pues todo eso se ha gestado durante gobiernos “capitalistas”… no nos engañemos.

No estoy de ninguna manera proponiendo un gobierno de izquierdas con Frenadeso a la cabeza, como la solución a nuestros problemas.

Pero ignorar que son una alternativa que pudiera perfectamente encontrar la coyuntura para llegar al poder, sería no solo absurdo, sino irresponsable. Será de la actitud de nuestra sociedad, nuestros políticos y nuestros grupos de poder económico, de lo que dependerá que lleguen o no a gobernar… después, ¡que no se quejen!...

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