PROPUESTA

Ganado cimarrón en Coiba: Jaime Correa Morales

Desde hace varios años he querido escribir sobre este tema, porque lo considero importante. Me había restringido, pues soy muy consciente de que mi propuesta generará rechazo, que en mi opinión es injustificado.

El tema es que en nuestra reserva natural de la isla de Coiba se han reproducido y viven más de mil reses cimarronas que, a decir de los entendidos, están arruinando la ecología, lo que nos afectará a todos de alguna forma u otra. Removerlas de la isla es una tarea costosa y nada fácil, como lo sería si estuvieran en una llanura o se tratara de ganado no cimarrón. El planteamiento es que Panamá puede utilizar estos animales salvajes para promover turismo de cacería, mediante la divulgación de un proyecto que permita a los interesados, nacionales o extranjeros, cazarlos en ese hábitat, mediante el pago al Estado o al municipio pertinente de una cuota o fee de 500 o mil dólares por cada animal, y limitar la caza a uno por día.

Sé que desde Estados Unidos vendrían numerosos interesados a soltar un poco de adrenalina, a la vez que dejarían buenos dólares para el Estado. Esto sería idéntico al turismo de pesca. Obviamente, ellos tendrían que pagar aviones, hoteles en la capital y en el mismo sitio, ir a la isla con guías, alquilar botes para transportarse desde tierra firme. Todo esto representa dinero que quedaría en el país, principalmente, entre los residentes de la localidad, cuya economía cada día se afecta más a causa de la irracional pesca industrial que merma la artesanal.

Además, habría que reglamentar toda esta actividad, incluyendo la remoción del animal así sacrificado, de manera que no se convierta en foco de contaminación, etc. Algunos dirán que esto es crueldad o maltrato a los animales, pero la realidad es que los bovinos están muy lejos de ser una especie en vías de extinción. Al contrario, cada vez se reproducen más sobre el planeta, mediante la cría destinada, precisamente, a la alimentación humana.

Yo conozco perfectamente todo el proceso de sacrificio y distribución de ganado en los mataderos. Desafortunadamente, esto tiene que ocurrir, porque la naturaleza nos exige alimentarnos bien cada día, y la carne es uno de los mejores alimentos que hay. De hecho, si se aplica lo que propongo, con toda seguridad las reses cazadas quedarán en manos de los guías locales, que así podrían alimentarse mejor. En resumen, resolveríamos, sin costo alguno, el problema del daño ecológico que provocan estas reses y, a la vez, ganaríamos con el ingreso turístico.

A medida que se vayan eliminando las vacas, se podría empezar a repoblar la isla con especies de venados, conejos pintados, iguanas y, quizás, otros animales que sí están en peligro de extinción y que dependen del hábitat boscoso y de la lejanía de los cazadores de tierra firme para fomentar su cría bien controlada.

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