INMIGRANTES

Gracias a Dios soy panameño: Juan Ramón Sevillano Callejas

Hace poco vi a una salvadoreña indocumentada decir, en CNN en Español, que hace 14 años abandonó a sus hijos para irse a Estados Unidos (EU) a luchar por “mejores días”. Otras veces he visto y escuchado información relacionada con el monto de las remesas de dinero que desde ahí envían los salvadoreños, hondureños y mexicanos, etc., a familiares en sus países de origen. Muchos panameños, por el contrario, enviamos dinero a EU para pagar los estudios de nuestros hijos. Es decir, pocas veces nos hemos visto en la necesidad de abandonar el terruño por razones políticas.

Las noticias internacionales abordan los sufrimientos que padecen estos inmigrantes en su intento de pasar la frontera mexicano-estadounidense. Una vez lo logran, narran los vejámenes y las violaciones a los derechos humanos que sufrieron. Como ser humano y cristiano católico, me compadezco de todo el que abandona países, familiares, bienes, etc., ya sea por razones políticas, económicas, de salud o de otra índole. Pero de eso, a estar de acuerdo con legalizar a los ilegales, hay mucho trecho.

El presidente Juan Carlos Varela pretende realizar la última feria Crisol de Razas, pasando por encima del sentir ciudadano. Lo que el pueblo quiere es que se haga una revisión de las visas otorgadas y se cancelen, si se comprueba que no tienen un correcto fundamento de derecho. Panamá debe tener una política migratoria con filtros necesarios y velar por la seguridad de la ciudadanía. No practicar la venta de nacionalidad para conseguir dinero, como hacia Martinelli.

Yo estudié en el extranjero, y como tal me comportaba. No andaba pintando los colores de mi bandera por doquier. No cerraba calles para festejar una victoria de mi selección. Aunque orgulloso de mi nacionalidad, no me comportaba como una persona engreída, prepotente ni grosera. Tampoco creía que le hacía un favor al país en el que me encontraba. Y, con orgullo, digo que soy panameño, a pesar de que no me gusta el proceder de muchos conciudadanos.

A EU, al igual que a otros países, solo vamos de paseo. En innumerables ocasiones he visto cómo los panameños, de clase media, aplauden cuando aterriza el avión de regreso a Tocumen.

Gracias a Dios, no tenemos que abandonar nuestro país, otros sí, y como no hay impedimentos para obtener visas de ninguna clase, los extranjeros han inmigrado a esta nación maravillosa donde sus derechos humanos no son violados. Pero ya es tanta la cantidad de inmigrantes que generan muchos problemas, y pueden terminar en enfrentamientos con el Gobierno o en acciones en contra de ellos. El actual administrador Ejecutivo debe tomar las precauciones del caso. Decretar, por ejemplo, una suspensión de todas las visas que no tengan motivos humanitarios.

Las razones que obligaron a muchos foráneos a abandonar sus países han disminuido, sin embargo, ellos no regresan a su terruño. Por el contrario, se quieren quedar aquí. El mandatario debe buscar una fórmula diplomática para repatriarlos. Panamá es por, para y de los panameños. No queremos personas que se crean los dueños y menos que quieran decirnos cómo comportarnos y qué hacer.

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