PROCESO ELECTORAL

Incertidumbre política y desconfianza ciudadana: Nelson Caballero Díaz

Es muy fácil deducir que vivimos un proceso electoral complejo y que, sin duda, por primera vez en nuestra vida republicana se cierne sobre el país una nube oscura, un ambiente enrarecido y que campea la incertidumbre política. A lo largo de la historia patria, algunos gobiernos intentaron por la vía electoral –afortunadamente sin lograrlo– ejercer el control político y perpetuarse en el gobierno. Los preceptos constitucionales vigentes, inclusive, expresan en su espíritu y forma la no reelección inmediata del gobernante de turno, y establecen plazos razonables para la gestión gubernamental. Se trata, en consecuencia, de fortalecer los principios de “alternancia en el poder” y de permitir la remoción periódica de los que fueron electos por el voto popular, mediante procesos electorales honestos y transparentes.

Desafortunadamente, para algunos gobernantes (Panamá no se excluye) las ansias de retener el mando conllevan un doble riesgo que pone en peligro los sistemas democráticos: primero el de la “ambición”, que no es más que el deseo de acumular poder, riquezas y fama, y en segundo lugar, el de “una dimensión mesiánica” que intenta conectar al mandatario con un estilo de gobierno “populista”, es decir, el “líder” o “benefactor” que todo lo resuelve. A pesar de que con esto no se solucionan los problemas críticos que afectan la vida de la población (alto costo de la canasta básica, inseguridad, transporte, salud, vivienda, educación, agua, aseo) ni se experimentan cambios sustanciales en la estructura social, económica y política de cara a una sociedad donde se reduce la desigualdad y la pobreza.

En cierta ocasión participé en un seminario de formación política en el que el expositor dijo: “la diferencia entre un político y un estadista estriba en que el primero se preocupa de las próximas elecciones y el segundo, de la próxima generación”. Extraordinaria conclusión.

Sin embargo, la incertidumbre política que se cierne sobre el país me lleva a pensar que al actual gobierno lo que le interesa, por encima de todo, es mantener el control ilimitado del poder político y económico durante toda la vida.

Es muy peligroso, para la estabilidad democrática, utilizar la “sucesión” de parientes a través de procesos electorales (generalmente poco transparentes y honestos), para el control del poder. Esta decisión política del gobernante todavía en funciones, además de enmarcarse dentro del “nepotismo”, es una manera de perpetuarse a través de cónyuges, hijos y parientes. Al margen de las controversias constitucionales y legales, también hay normas de ética y moral pública, desconocerlas supone un duro golpe a la paz, la estabilidad, la convivencia y la libertad del hombre, que constituyen los pilares fundamentales que le dan fuerza y sentido a la democracia. Hay que devolverle la confianza a los ciudadanos, para que puedan creer en las instituciones.

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