GUARDIA NACIONAL

Insubordinaciones históricas: Carlos Guevara Mann

Nuestra historia republicana registra varios episodios de insubordinación por la fuerza pública. El primero ocurrió en el año siguiente a la fundación de la República.

En octubre de 1904 el comandante del Ejército de la República, Esteban Huertas, exigió la dimisión de dos miembros del Gabinete del presidente Manuel Amador Guerrero: Nicolás Victoria Jaén, secretario de Instrucción Pública, y Tomás Arias, quien como secretario de Gobierno y Relaciones Exteriores era el jefe inmediato de Huertas.

Ambos funcionarios –miembros prominentes, como el Dr. Amador, del Partido Conservador– presentaron su renuncia, pero el presidente Amador solo aceptó la de Arias, lo que irritó a Huertas, lo mismo que a sus simpatizantes entre las filas opositoras.

A mediados de noviembre, Huertas volvió a solicitar la destitución de Victoria. Con el respaldo de Washington, el presidente Amador dispuso poner un alto a las intromisiones de Huertas y le pidió la renuncia.

Seguidamente, el 20 de noviembre de 1904, el Gobierno Nacional eliminó el Ejército, argumentando que representaba un gasto superfluo, ya que en virtud del Tratado de 1903 Estados Unidos se había hecho cargo de la defensa del país en caso de agresión externa. La Policía Nacional continuó operando, como antes, para mantener el orden público, según las directrices del Ejecutivo, a su vez supeditado a las exigencias de la hegemonía estadounidense.

A partir de los años 30, la Policía comenzó a ampliar su radio de acción, principalmente como consecuencia de la decisión de los sucesivos gobiernos panameños de militarizar la fuerza pública para enfrentar posibles amenazas a su integridad. Esta política, a su vez, contó con el apoyo de Estados Unidos.

En 1941, la Policía Nacional ya había adquirido un papel lo suficientemente protagónico como para hacerse indispensable en el plan que se fraguó para desconocer el orden de sucesión constitucional tras la salida del presidente Arnulfo Arias. Cuando el presidente Daniel Chanis, motivado por las denuncias de corrupción que envolvían al organismo de seguridad, destituyó al comandante José Antonio Remón, la Policía desobedeció sus instrucciones y, el 20 de noviembre de 1949, obligó al mandatario a renunciar.

Días después, el Dr. Chanis concurrió a la Asamblea Nacional, donde retiró su renuncia. El caso llegó a la Corte Suprema de Justicia, la cual decidió que Daniel Chanis era el legítimo Presidente de la República y no el vicepresidente Roberto F. Chiari, quien lo había sucedido tras su retiro de la Presidencia.

En acatamiento de la decisión de la Corte, Chiari abandonó la casa presidencial. Antes de que el Dr. Chanis pudiese regresar, sin embargo, la Junta Nacional de Elecciones llevó a cabo un recuento de los votos emitidos en 1948 y determinó que el auténtico ganador de la elección presidencial había sido el Dr. Arnulfo Arias, quien entonces asumió, por segunda vez, la primera magistratura.

En marzo de 1968, tras la destitución del presidente Robles por la Asamblea Nacional (según el procedimiento constitucional vigente), la Guardia Nacional impidió que el vicepresidente Max Delvalle asumiera el Poder Ejecutivo. Meses más tarde, el 11 de octubre de 1968, la oficialidad de la Guardia Nacional, opuesta a los cambios en la dirección de ese organismo decretados por el presidente Arnulfo Arias, depuso al gobierno elegido mediante el voto popular e impuso una dictadura miliar que duraría 21 años.

Dos décadas más tarde, Eric Delvalle –quien ocupaba la Presidencia como resultado de una serie de irregularidades– decretó la destitución de Noriega como jefe de las Fuerzas de Defensa el 25 de febrero de 1988. El desenlace fue parecido al de 1949: uno de los militares adictos a Noriega declaró: “El que se va es él” (Delvalle) y, acto seguido, la Asamblea Nacional, sometida a la dictadura, lanzó al inquilino de la casa presidencial.

Tras la invasión estadounidense y el establecimiento del régimen democrático, en diciembre de 1990 algunos militares destituidos, en asocio de miembros de la Fuerza Pública, intentaron dar un golpe al gobierno del Presidente Guillermo Endara. El movimiento fue rápidamente sofocado por tropas estadounidenses.

Estos incidentes históricos, que produjeron mucho desasosiego en su momento, ilustran lo importante que es para la estabilidad democrática que la fuerza pública se mantenga subordinada a las autoridades civiles debidamente constituidas.

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