SOCIEDAD

Intuir y reaccionar: Hugo Muñoz Arévalo

“El ser humano es un ser que decide”. Estas palabras sostuvo en su momento Viktor Frankl, neurólogo y psiquiatra austríaco que resistió durante tres años la vida en los campos de concentración nazis. Durante este tiempo, Frankl, en lugar de darse por vencido y rendirse, decidió que su situación iba a cambiar. No sabía cómo ni cuándo iba a suceder, pero confió en su intuición y se dispuso a seguir una corazonada.

Las personas no somos robots, no siempre somos criaturas racionales. Estamos hechos de emociones. Por eso sería incorrecto pensar que la racionalidad es nuestro punto fuerte. Hay momentos en los que debemos seguir nuestro instinto. Sobre todo cuando, gracias a la intuición, somos capaces de llegar a una conclusión en cuestión de segundos. El ensayista y sociólogo Malcolm Gladwell bautizó este proceso con el nombre de Blink, o parpadeo, un procedimiento que no es tan simple como puede parecer, y que se basa en las experiencias acumuladas a lo largo de la vida de una persona.

Sin embargo, la intuición no solo puede servir para resolver conflictos en un instante. Es gracias a esta percepción que podemos progresar en la vida y, como ya se viera con personas con una gran capacidad de intuición como Julio Verne, vislumbrar trazos del futuro y de inventos que acabarían por existir. Pero no hace falta ir tan lejos para comprender la fuerza de las intuiciones. En la década de 1980 era impensable pensar en la necesidad de almacenar más de un megabyte, e incluso Bill Gates declaró que “640 kilobytes deberían ser suficientes para cualquier persona”. Un hecho que alguien intuía que tendría que cambiar, y gracias a eso, un iPhone actual tiene más de 100 millones de kilobytes de almacenamiento. Otro ejemplo del poder de la intuición se puede encontrar en un estudio desarrollado por Robert K. Cooper y Ayman Sawaf, donde tras analizar a 94 ganadores del premio Nobel, llegaron a la conclusión de que 82 de ellos habían hecho sus descubrimientos gracias a la intuición, mientras dejaban de lado la lógica racional.

En contraposición con el paradigma que reza “si la ciencia lo dice, así tiene que ser”, muchos científicos decidieron aventurarse y experimentar en lugar de esperar a que actuara la razón y adoptaron como suyos el lema “La intuición es un don sagrado y la razón su fiel sirviente. Hemos creado una sociedad que honra al sirviente y ha olvidado el don”. Una frase que se encargó de acuñar uno de los mayores científicos y físicos que ha existido: Albert Einstein.

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