PLAZO FATAL

La hora de los Juan Carlos: Jorge Gamboa Arosemena

Cuando faltan pocos días para aplicar la camisa de fuerza legal del Código Electoral que pone como plazo el 28 de diciembre para “anunciar” la formación de alianzas entre los partidos de cara a las elecciones de mayo próximo, sobre los candidatos del panameñismo y del PRD recae una enorme responsabilidad: seguir con “más de lo mismo” o empinarse en la búsqueda del bien común.

El fallecimiento de Nelson Mandela ha traído al análisis de las conductas de los que se llaman políticos una serie de elementos, el primero que salta a la vista es el de no creerse “ungido”, sino ser un ciudadano humilde que busca el bien común; un servidor de la patria; un amable componedor; un arquitecto de la convivencia organizada.

Claro que Mandela tuvo una escuela forjadora de esa visión y humildad trascendente, que fueron sus 27 años de prisión. Otro personaje digno de mención es el presidente de Uruguay, José Mujica, quien también tuvo ese doctorado en filosofía política en sus 14 años de cárcel.

Escuchamos las llamadas “propuestas” de uno y otro de los Juan Carlos: que si “100 cero”, que si “barrios seguros”, que si la “pensión mínima por vejez igual a salario mínimo”, que 100 mil casas para jóvenes” y cuanta quimera se pueda tejer en el aire y en la mente de estos candidatos y de sus equipos de campaña. Intentan deslumbrar a una ciudadanía ávida de mejores días para ellos y los suyos, pero sin el sustento de que puedan ejecutar sus promesas.

Concurrimos a una elección que ha mutado sus formas, pero la esencia es la misma: obtener un cargo de elección para pelechar de él. Tanto es así que el presidente de la Junta Nacional de Escrutinio dio un entrevista, en días pasados, en la que dice que con ellos está garantizado que no habrá fraude.

Con su perdón, no me queda otra cosa que decir: “vaya iluso”. Él mismo refiere que se ha deteriorado la institucionalidad del Estado; que el clientelismo campea, y que hay una degradación en la vida del ciudadano. En fin, describe que no hay democracia. Así las cosas, ¿cómo dice que no habrá fraude? O no quiere ver que estos se hacen antes, durante y después de las elecciones.

Hoy estamos en el antes, con todas las “bellaqueras” que esgrime el oficialismo. El fraude está en marcha, y cuando la Junta de Escrutinio examine y cuente los datos de las actas de circuito que les enviarán, ya todas estas prácticas fraudulentas estarán consumadas y la junta solo confirmará lo que el fraude desarrolló desde hace meses, hasta la confección de esas actas de circuito. No hay peor ciego que el que no quiere ver...

Los Juan Carlos tienen una cita con la historia. O se empinan sobres sus ambiciones o serán los auxiliares de la mayor destrucción moral y social de este pueblo. Las ambiciones de sus allegados se dan porque tienen la esperanza de ir en el tren ganador, y les dicen que no se bajen, que ellos van a ganar. Muchos de los que así les hablan –no me extrañaría– son pagados por el oficialismo para mantener a la oposición dividida. Esperemos que algún vestigio de reflexión emerja de estos ciudadanos y entiendan que el desprendimiento es lo que más impacta a un electorado.

Se requiere humildad y visión para emprender la reestructuración del Estado, porque sin esto sus promesas serán mera demagogia politiquera para timar a los votantes. Solo queda buscar una alianza, que se ponga como eje central una constituyente. Así en dos años tendríamos una nueva república e, inmediatamente, podríamos convocar a nuevas elecciones, en las que estos dos ciudadanos, ubicados en un sitial privilegiado por su desprendimiento, serían los candidatos que polarizarían la contienda.

Si esto no ocurre, habrá que buscar el polo opuesto al candidato oficial, entre uno de los cuatro o cinco candidatos que tendremos para mayo de 2014, comprometidos con la sociedad civil que no puede seguir agachada solo haciendo críticas (aunque constructivas), desde el confort de no disputar ni impulsar en el terreno político de participación los cambios necesarios. Claro que esto requiere de la voluntad política de sus dirigentes, pero la cita con la historia está allí.

Algunos somos tan egoístas que vemos la calidad de vida de la sociedad panameña, en la medida de la nuestra. Si los Juan Carlos no entienden su responsabilidad y permiten que se prolongue la quiebra institucional del Estado, pasarán a la historia como unos simples politiqueros que, rápidamente, caerán en el olvido.

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