CONOCIMIENTO

Juicios y prejuicios del oficio de escribir: Enrique Jaramillo Levi

Sin duda, se puede escribir sobre cualquier tema sabiéndolo hacer con propiedad y un mínimo de elocuencia. Y para ello se requiere que estén presentes al menos tres condiciones: tener un conocimiento probado sobre el asunto a tratar, poder ofrecer una perspectiva personal balanceada entre información objetiva y veraz y una perspectiva o punto de vista personal al respecto y, además, no solo saber redactar bien, sino de forma interesante.

Los conocimientos de rigor pueden tenerse de antemano porque son el resultado de una investigación previa o del estudio; o bien porque se han ido acumulando como resultado de una larga experiencia en la materia. Pero en cualquier caso, por supuesto, esos conocimientos deben provenir de fuentes confiables y variadas, y haber sido debidamente cotejados con la realidad. Lo que es distinto a tener simplemente opiniones sobre determinado asunto, algo que también tiene su valor aunque no se pueda comparar con el hecho de poseer un respaldo científico, serio e intelectualmente creíble, del asunto en cuestión.

En la práctica, lo ideal es que se combinen ambas cosas: conocimiento y opinión, sin que se note demasiado la diferencia. Y esto solo es posible cuando, además de una redacción convincente, el texto se siente sólido porque rebosa credibilidad.

Me refiero a esa grata sensación, a menudo difícil de precisar, de que estamos frente a un escrito –artículo de opinión, ensayo, crónica, semblanza y reseña crítica– generado por el contagioso entusiasmo de una gran seguridad personal en lo que se escribe.

Y en quien escribe muy bien, se entiende. Porque “el estilo es el hombre”, como acertadamente dijo alguna vez el sabio naturalista francés Buffon, queriendo significar que el estilo –en la escritura, en la personalidad misma de alguien– refleja nada menos que el espíritu que anima o integra al ser profundo, al ser humano total.

Y hablando del estilo referido a la escritura, no cabe duda de que se trata de uno de los conceptos más difíciles de definir; es decir, de precisar. Una primera aproximación podría aludir al conjunto de rasgos particulares que caracterizan una forma de redactar. Su peculiar diseño, comportamiento o modo de expresión.

En tal sentido, podría hablarse de la personalidad de un texto o conjunto de textos de un autor y, por extensión, al menos en cierto sentido, a la de este como su artífice o creador.

Así, factores como la selección de las palabras; su precisión o deliberada ambigüedad; la manera de combinarlas; el manejo muy personal de la gramática con el fin de causar determinados efectos visuales, sonoros, anímicos o intelectuales; la perspectiva desde la que se expone o narra; el tono del lenguaje.

Son elementos fundamentales del estilo de quien escribe en un periódico, en una revista, como parte de un libro, o al preparar una monografía o una tesis.

Y todo esto es aplicable tanto en los géneros periodísticos y de otro orden ya mencionados (los académicos, por ejemplo), en cuya escritura los hechos que dan origen a los textos no pueden ser distorsionados en aras de la fantasía, como también en los de naturaleza estrictamente literaria –los de ficción–, en donde el impulso de la fuerza creativa combina elementos de la realidad con pasajes forjados por la imaginación y los sentimientos (novelas, cuentos, poemas) sin que a menudo se note la diferencia.

Escribir es siempre recrear el mundo, ya sea para reflejarlo o para interpretarlo.

Y como todo en la vida, siempre habrá juicios y prejuicios que puedan afectar el sentido profundo de lo que se expresa, tanto por parte del autor como en la lectura del receptor del texto, ya que en realidad no existe tal cosa como la objetividad absoluta. Porque quiérase o no, hay siempre una subjetividad que percibe y decanta; y uno escribe y lee no desde el Olimpo, sino desde su formación, sus gustos, sus juicios y prejuicios.

Por otra parte, querer influir en los lectores es absolutamente lícito; pero no es –no debe ser– hacerle trampa, manejarse de forma puramente efectista con las palabras, sino ser coherente con una manera de entender el mundo, la vida misma, incluso cuando se asume una escritura literaria: esa otra que puede ser capaz de sacudirnos; de hacernos más sensibles ante lo bueno, lo malo y lo feo.

La que muchas veces al escribirse implica un desgarramiento que conduce a una irrevocable toma de conciencia, a la honda revelación de una verdad. A una auténtica epifanía. Véase si no el impacto de obras tan distintas entre sí como El diario de Ana Frank, Crimen y castigo, El nombre de la rosa o Cien años de soledad.

Comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial por la Democracia, S.A.

Conquista

La Prensa en alianza con el Pulitzer Center invita a sus lectores a una experiencia inédita de periodismo transmedia. Una historia sobre la costa Atlántica que pone en cuestionamiento qué tipo de desarrollo queremos para nuestro país. Haga clic en la foto.

Por si te lo perdiste

GOBIERNO MANTIENE INHABILITACIÓN Tocumen rechazará oferta de Odebrecht

Carlos Duboy, gerente de Tocumen, S.A.LA
Ricardo Iturriaga

Última hora

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Directorio de Comercios

Loteria nacional

13 Dic 2017

Primer premio

0 4 5 4

DAAD

Serie: 7 Folio: 1

2o premio

1238

3er premio

1041

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Caricaturas

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código