PARA QUE ACABE LA IMPUNIDAD

Justicia primero, pasar la página después: Rodrigo Tomás Sang De León

Muchas cosas han cambiado en Panamá desde aquel 20 de diciembre de 1989 en que Estados Unidos intervino militarmente para poner fin a la narcodictadura.

Lamentablemente, otras continúan intactas, algunos de los que apoyaban al dictador y lo ayudaron a pisotear los derechos humanos de los panameños siguen disfrutando de total impunidad; los que se hicieron ricos bajo la sombra del dictador se pasean por nuestras calles sin ningún sonrojo ni muestra de arrepentimiento.

Manuel Antonio Noriega es ahora un hombre enfermo y quisiéramos pensar que todo el tiempo que le ha tocado permanecer en cautiverio le ha servido para meditar sobre todas las atrocidades que cometió, de manera cobarde, contra un pueblo noble como el panameño.

Como católicos que somos, creemos que Panamá no puede seguir dividido por odios ni rencores que datan de aquellos oscuros años, pero bajo ninguna circunstancia estamos de acuerdo con, simplemente, pasar la página y aquí no ha pasado nada, sin que se haga justicia como es debido. Para que los panameños volvamos a unirnos y olvidemos los rencores, es importante que Noriega deje de ser un cobarde y hable de todo lo que sabe. Que sepamos dónde están los desaparecidos, sobre los crímenes cometidos, de la gran cantidad de fortunas mal habidas que se construyeron con su ayuda y cuyos beneficiarios hoy niegan cualquier vinculación con los dictadores.

En los países que sufrieron dictaduras criminales, como la que tuvimos en Panamá, se han establecido comisiones de la verdad, se ha llevado a la cárcel a los violadores de los derechos humanos, se han expropiado los dineros robados al pueblo y se ha incluido en los libros de texto toda la verdad de los hechos.

En Panamá, los violadores de los derechos humanos no han pagado su deuda con la sociedad; los que asaltaron los dineros públicos siguen disfrutando de sus millones y algunos han vuelto a ocupar importantes cargos, lo que les ha permitido burlarse de los panameños honestos; y lo que es peor, la verdadera historia de lo que sucedió en Panamá, desde Torrijos hasta Noriega, ha sido eliminada de nuestros libros de texto y las nuevas generaciones desconocen los lamentables hechos vividos desde 1968 hasta el 20 de diciembre de 1989.

Le pido a Dios que perdone a ese grupo de maleantes –encabezados por Noriega– pero, sobre todo, le pido que les toque la conciencia para que rompan ese vergonzoso código de silencio que han guardado; para que los panameños sepamos, de una vez por todas, la verdad de todo lo ocurrido; le pido a Noriega y a los dirigentes del PRD que tengan la humildad de pedirle perdón a los familiares de los desaparecidos, que le pidan perdón a todos los panameños por todas las violaciones de derechos humanos que cometieron y que apadrinaron durante 21 años.

No podemos pasar la página mientras Noriega y los otros cobardes mantengan el código de silencio y hasta que pidan perdón; por eso, decimos: justicia primero, pasar la página después.

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