SISTEMA INDOLENTE

¿Justicia o clemencia?: Zeddy de Herrera

La justicia es la idea que la civilización tiene acerca del rumbo de sus leyes. Nace de la necesidad de mantener la armonía entre los miembros de la sociedad, autorizando, prohibiendo y permitiendo acciones específicas. En el caso de delitos, se debe considerar la magnitud de un hecho concreto frente al bien jurídico protegido para establecer esa balanza de justicia, sin deteriorar los derechos humanos. Por otra parte, la clemencia significa indulgencia o piedad. Llamamos así a la benevolencia o a la moderación con que una persona juzga a otra, mostrándose compasivo.

Por tanto, la justicia y la clemencia son diferentes, la primera trata de hacer lo correcto sin causar más daño, sino el necesario ajuste para compensar a la sociedad, y la segunda trata de un acto de caridad, siendo suaves o blandos con quien merece una decisión más severa.

No pude evitar pensar en la diferencia entre justicia y clemencia, mientras escuchaba a una madre suplicando justicia. En la práctica, parece que para el Estado, al ejercitar su facultad coercitiva, la justicia viene a ser una presunción de culpa, y la clemencia, finalmente, sería actuar según la ley.

La justicia es propia de los países civilizados, por eso se debe aplicar, no se suplica por ella. Se suplica por clemencia. En nuestro país son muchos los que claman porque se haga algo. Veamos uno de tantos ejemplos que ocurren en el sistema judicial. “Justicia para su hijo”, clama llorando una madre. Pablo Pueblo, de 21 años de edad, permanece detenido hace un año y seis meses sin haber sido juzgado, sin fecha probable de audiencia, en un proceso sumido en un limbo jurídico: “tentativa de homicidio o lesiones personales”, ni se sabe ni se supo, y quién sabe cuándo se sabrá. Total, es un caso más, es un expediente más, un detenido más, un número en las estadísticas.

Esta fatalidad la vive Pablo Pueblo desde la noche que bajó a comprar chicles y cigarrillos en el minisúper de la esquina. Iba en compañía de un vecino cuando fue retenido por agentes de la Policía Nacional para “verificación”, debido a una denuncia que se presentó en una subestación policial. En un hecho que se produjo a siete cuadras del edificio de Pablo Pueblo, dos malandrines, vestidos de negro, habían tratado de asaltar a unos transeúntes, quienes se defendieron resultando uno herido con arma de fuego.

Pablo Pueblo quedó retenido, perdió su empleo y hasta su relación de pareja. Su madre ha subido y bajado escaleras, tocando puertas, pidiendo justicia con este lastimero cuadro. Lo que vive esta familia no es la aplicación de la justicia, es el atropello de un aparato inquisidor investigativo, que dejó de perseguir el delito para perseguir a la persona. Cuando se realice el juicio y Pablo Pueblo salga absuelto, ¿quién le devolverá su vida? Con una palmadita en la espalda, el Estado se disculpará. Mientras ese día llega, él paga una culpa que no le pertenece. ¿Qué le podemos decir a su madre: “Confía en la justicia”, “Confía en los candidatos a Presidente y a diputados para que reine la justicia”?. Nosotros preguntamos: ¿En materia de justicia oportuna, ¿quién le pondrá el cascabel al gato?

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