IMPOSICIÓN, CONFRONTACIÓN Y RETRACCIÓN

¿Lecciones aprendidas?: Daniel R. Pichel

Las malas experiencias, deben servirnos para aprender y evitar que las cosas vuelvan a salir mal en el futuro. Esto se aplica hasta a situaciones tan desastrosas como las que vivimos a raíz de la aprobación de la ley de la Zona Libre de Colón y todos los acontecimientos que se dieron en relación a ella. Sin duda, mucho de lo que pasó pudo evitarse si se hubieran hecho las cosas de otra manera. Veamos qué se debe haber aprendido, aunque conociendo a los actores, tengo mis serias dudas.

El Gobierno tiene que entender que leyes de este tipo deben ser consultadas y consensuadas antes de someterlas a nivel legislativo. Como ya ha quedado demostrado, contar con los sumisos votos para aprobarlas en tres debates, de poco sirve si la gente no respalda o simplemente no entiende lo que se está decidiendo. Nadie puede discutir que Colón, donde se genera buena parte de nuestro producto interno bruto, debe recibir más beneficios. Sin embargo, al no explicar claramente lo que se busca con una ley, la suspicacia de los ciudadanos (después de décadas de promesas incumplidas por gobiernos de todos los colores), unida a la diligente “cizaña” que oposición y medios inculcan, llevan a estas situaciones. Ese estilo de gobierno de imposición, confrontación y retracción no es saludable para nadie, en especial si en el camino quedan muertos y heridos.

Otra lección es la necesidad de una adecuada comunicación de la gestión de gobierno. Las redes sociales, si bien son válidas, no son la mejor manera de comunicarse el Gobierno con la población. Por más habilidad que se tenga, 140 caracteres no dan para muchas explicaciones. Además, no es lógico que, ante una crisis nacional, se perciba un país donde no se pueden tomar decisiones si no son aprobadas por el Presidente mientras está en un viaje oficial. Y que conste, no soy de los que cree que el Presidente tiene que regresar corriendo cada vez que ocurre algo. Los órganos del Estado no pueden ser dependientes de una sola persona. Tiene que existir una estructura de poder que permita la fluidez en la toma de decisiones. Además, en la época de las comunicaciones instantáneas cualquiera puede participar en una reunión por teleconferencia si es imprescindible su presencia.

Al vicepresidente que elegimos los panameños sin duda le quedó grande la responsabilidad, pues ese era el momento de responder a quienes lo escogieron para el cargo. Simplemente se dedicó a politiquear, cuando lo responsable era tomar su cargo y coordinar una reunión con el gabinete (y el Presidente) para tomar decisiones que evitaran más muertos. Si no le hacían caso es otra historia, pero su responsabilidad era esa. Ojalá lo haya entendido.

La Asamblea no puede seguir siendo dirigida con ese estilo histriónico y chabacano que parece ser la norma. Eso de hacerse el sietemachos porque se tienen los votos no es ni democrático ni saludable. Los debates legislativos que padecemos tienen un nivel más propio de una cantina que de un parlamento. Al margen de que dedicar 30 minutos a no decir nada útil es una pérdida de tiempo que, dado lo que ganan, representa un gasto que los panameños no debemos permitirnos. Salvo contadísimas excepciones, a algunos se les debía limitar sus intervenciones a no más de 30 segundos. A fin de cuentas, para lo que dicen da igual.

La oposición ojalá haya aprendido que los panameños estamos hartos de la politiquería barata. La gente percibe el discurso político como una mentira para alcanzar el poder a como dé lugar. Tratar de aprovechar la inconformidad de la población para presumir de “encabezar un movimiento” es francamente deprimente. El mejor ejemplo de su poca convocatoria es cómo los ignoraron cuando convocaron contra las reformas electorales. Simplemente, la gente vio aquello como una pelea entre políticos a quienes solo les interesan las elecciones. Las reformas se aprobaron y así quedó el asunto. Que tomen nota.

Por último, hay una importante lección para los cabezas calientes de Frenadeso y Suntracs. Todo el mundo tiene derecho a protestar si se opone a algo. Pero si uno convoca a una protesta, tiene que entender que es responsable de lo que resulte de esa protesta. La excusa de que ellos no dieron orden de saquear es una ofensa a la más básica de las inteligencias. Si bien es cierto que estos grupos no suelen tener el vandalismo como objetivo, también es cierto que, al darse estas acciones, muchos de quienes “marchaban en solidaridad con Colón” desde la cinta costera, aprovecharon la coyuntura para renovar los electrónicos y la línea blanca de la casa. Señores, entiendan que hay que ser responsables, y si son muy machos para convocar a protestas, también deben serlo para dar la cara por las consecuencias. Eso es parte de la definición de un líder.

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