COMUNIDADES DEL SUR DE VERAGUAS

Lecciones de solidaridad y cooperación: Jaime Cheng Peñalba

Lecciones de solidaridad y cooperación: Jaime Cheng Peñalba Lecciones de solidaridad y cooperación: Jaime Cheng Peñalba
Lecciones de solidaridad y cooperación: Jaime Cheng Peñalba

A medida que las sociedades se urbanizan e industrializan desaparece la “familia extensa”. En las grandes ciudades el individuo se vuelve anónimo, la comunicación se despersonaliza y da paso a contactos de tipo virtual. El uso de herramientas de comunicación, como el celular y las llamadas tabletas, paradójicamente, contribuye a cortar el puente de comunicación personal.

Cualquier excusa es aceptable para impedir los lazos permanentes de comunicación fluida entre amigos y familiares. El uso del chateo ha creado una ambigüedad tecnológica en el sentido de ser preferido por su carácter gratuito, sin embargo, ha introducido aspectos distorsionadores en la unidad familiar y la “fidelidad conyugal”.

En las comunidades rurales se puede palpar –si vivimos la experiencia del campo y la ciudad– esa dicotomía entre la comunicación y la incomunicación personalizada. En muchos pueblos de la provincia de Veraguas hay familias extensas que se comunican con rapidez sin necesidad de la tecnología. Tres o cuatro han fundado pueblos enteros, y se encuentran lazos de identificación entre sus miembros por el origen del apellido común.

En comunidades en las que no aún no existe el sistema de alumbrado eléctrico se aprecian los espacios de tradición oral. Sus pobladores resuelven los problemas por medio de asambleas, casi siempre maratónicas, en las que se vuelve al mismo punto muchas veces, cuando se carece de un moderador con experiencia. Si no se es parte de la comunidad, pero se trabaja en un proyecto de beneficio colectivo, se pueden crear vínculos afectivos que perduran a través del tiempo.

El elemento mágico-religioso se fortalece en aquellas comunidades apartadas de las cabeceras de distrito. La presencia de médicos tradicionales (chamanes) y de medicina natural es una expresión colorida contra problemas de salud y maleficios espirituales. En aquellos poblados donde se evidencia el cruce entre el elemento indígena y el campesino, sus habitantes suelen ser más introvertidos que en otros en los que se palpa la presencia histórica del elemento español, como es el caso de la península de Azuero y sus poblados.

No es fácil conversar sobre política, a menos que se tenga mucha confianza, quizá por el temor ancestral de caer en algún tipo de compromiso. Sin embargo, en los poblados en donde el extinto general Omar Torrijos desarrolló proyectos, durante la década de 1970, el nivel de politización en el discurso es mucho más acentuado.

Todavía hay fiel evidencia de los llamados asentamientos campesinos, que no solo han crecido en cuanto a productividad, sino en formas variadas de administración y ejecución. Casi toda la comunidad forma parte de los beneficios de estos asentamientos, que han diversificado incluso sus rubros productivos.

Las anécdotas en torno a la figura de Torrijos todavía se mantienen –rayando en la categoría de mito rural– en las áreas donde se ubican los asentamientos. Un fenómeno similar ocurre más hacia el norte de Veraguas, pero bajo el amparo de la memoria histórica construida en torno a la presencia del sacerdote Héctor Gallego, quien ayudó a organizar a muchas comunidades pobres frente a los desmanes de los grandes terratenientes y gamonales políticos, lo que al final le costó la vida.

El campesino del sur veragüense es amante de la faena temprana, dura y compartida. Conoce bien su entorno y predice con exactitud cambios en el clima y sus efectos en la cosecha. Es extraordinariamente sentimental y no olvida con facilidad. Este sentimentalismo se exacerba con el estímulo de bebidas fermentadas de tipo caseras dándole un ingrediente muchas veces peligroso a la hora de interactuar en dichos espacios.

Un problema latente en muchos de estos pueblos es la baja calidad educativa que se evidencia en la mala lectura, incluso en grados superiores, y el ausentismo que por múltiples razones presentan muchos docentes de estas áreas apartadas.

El campesino veragüense es humilde, por formación, y solidario por vocación. Ofrece al visitante lo poco que tiene y brinda hospitalidad sin retribución alguna, a diferencia de muchos “ricos pueblerinos” que piensan que el dinero y sus reses son todo en la vida.

Qué lástima que tengamos que viajar tan lejos para recibir una lección de solidaridad y cooperación, porque ya en la ciudad existe poco de ello.

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