ACTITUD INDIGNA

¿Limosneros o corruptos?: Jorge Gamboa Arosemena

“Limosnero es tanto el que da limosna como el que la recoge o distribuye y el que la recibe (pobre, mendigo o pordiosero)”, según la enciclopedia libre, Wikipedia.

Para inscribirse en un partido los “dirigentes políticos” dan limosna y los ciudadanos la aceptan. Para votar en las elecciones los candidatos dan limosna y los votantes aceptan, indignamente, la limosna.

Para trabajar en la política, los llamados “dirigentes” dan limosna –algunas veces de su pecunio y otras veces de los fondos públicos– y los activistas aceptan la limosna. Otras veces, los plutócratas dan limosna a los candidatos y estos, como pordioseros, la aceptan. Vimos el caso de las elecciones en El Bebedero, cuando tres magistrados que habían sido cómplices de otras situaciones similares (solo que menos descaradas), aparentemente, se asquearon y anularon los comicios, porque unos dieron limosna y la mayoría del pueblo la recibió.

Pero no solo en la política se ve esta actitud; ocurre en la justicia, cuando un juez o magistrado pide que le den limosna y el que quiere ganar el caso la entrega. También, ocurre en los negocios, cuando un empresario da una coima y un funcionario corrupto la acepta, y es más corrupto, si la pide; o cuando un inspector o policía la recibe o la pide y el infractor cede.

Y en las universidades se observa, cuando un profesor recibe limosna por su examen, o un administrativo pide limosna a cambio del examen de un profesor y los alumnos se la dan. Es peor, si un profesor pide una limosna sexual y una estudiante cede. O en un trabajo, si un jefe “sutilmente” pide lo mismo y una subalterna acepta darla.

En un Estado, con un presupuesto de $16 mil millones y un producto interno bruto de más de $30 mil millones, un club cívico pide una limosna pública y, a duras penas, logra recaudar poco más de $4 millones para destinarlos a obras benéficas, pero tiene que invertir buena parte de lo recaudado en los costos de ese evento, en el que recogen las limosnas de un sector empresarial (que se regocija en darlas), junto a las que entregan los políticos (que lo hacen para promoverse) y a las del pueblo en general.

Los ejemplos no son los mejores para hablar de limosneros, pero con esa actitud unos dan y otros reciben, solo que cuando se hace con intención dolosa se convierte en corrupción. Delito, falta o inmoralidad, lo aquí descrito sucintamente es muestra de la infinidad de corruptelas que ocurren a diario en nuestra sociedad. Las peores son las que ocurren en el escenario político, porque los que ocupan cargos públicos seguirán y profundizarán estas prácticas, generando todo tipo de desequilibrio en la administración pública, cuya principal consecuencia es la pobreza y pobreza extrema en buena parte de la población.

Ese es mi Panamá, una sociedad de limosneros, porque unos tratan a otros como pordioseros y estos se dejan tratar como tales. Los que las reciben son pobres de espíritus e indigentes de valores, y quienes las dan son irrespetuosos de la dignidad de esos que se dejan avasallar por una limosna.

Los subsidios no son más que limosnas, pero este gobierno se jacta de repartirlos, a diestra y siniestra. El subsidio puede ser una medida de contingencia temporal, pero no una política permanente. Un gobierno debe trabajar para sacar a los beneficiarios de la limosna–subsidio de esa condición, no vanagloriarse, cínicamente, de entregarles esa ayuda y, encima, esperar que el pueblo le agradezca.

Los aspirantes a los cargos de elección dicen tener la solución a los problemas de los panameños, pero no hablan de cambiar las actitudes, porque sus propuestas no incluyen inculcar valores. Les resulta más fácil repartir limosnas, para ganarse el voto, que educar a la población. Así pasó en las fiestas navideñas, cuando repartieron regalos por todo el país, además, promovían esto en los medios y en las redes sociales, con un cinismo inaudito.

Pidamos que los politiqueros de siempre dejen de atentar contra la dignidad de la gente, y que los ciudadanos rechacen el trato indigno.

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