LOS PROBLEMAS DEL IDAAN

Lodo igual para todos: Roberto Brenes P.

La crisis del Idaan no es más que música sabida; hace años que el modelo de gestión estatal se tornó irreversiblemente ineficiente y politizado. Es tiempo de considerar seriamente un cambio de modelo mixto, y sacar del medio al Canal de Panamá, que solo pierde en este desorden.

Hablar de un tema como la modernización del Idaan, cuando aún no se disipa la polvareda del revuelo que causó el proyecto de ley sobre asociaciones público-privadas, parece herejía y desafío. Pero, francamente, el suministro de agua decente, a un costo decente, a la ciudadanía debe ser una prioridad nacional y en particular de aquellos que dicen velar por una salud igual para todos.

Mirar el problema como algo coyuntural del final de dos inviernos y de un supuesto incumplimiento de un proveedor, es faltar seriamente a la historia convulsionada y aberrante del acueducto. Para empezar, en los últimos 15 años la institución nunca ha logrado dotar de agua y alcantarillado al área metropolitana ni ha podido cumplir su tímido presupuesto. Durante la crisis del fin del año pasado y la consabida escasez del verano aprendí que hay barrios y comunidades que nunca han tenido agua y que se abastecen permanentemente con cisternas; incluso, hay comunidades de formación reciente donde jamás se ha conectado el agua. Y esto, además, no es un fenómeno metropolitano; pasa en mayor o menor medida en todo el interior.

Lo del Idaan es un problema de estructura e indolencia. Han pasado por allí excelentes y dedicados profesionales. Pero el Idaan, como el Seguro Social, sufre de problemas estructurales que impiden e impedirán un manejo eficiente si no se reestructura. Para empezar hay un serio desbalance entre lo que el Idaan puede producir y lo que puede cobrar. Buena parte de la producción de agua se pierde a través de filtraciones de una infraestructura vieja y deficiente. Parte de esa pérdida es, indudablemente, el robo ciudadano y, por último y no menos importante, la morosidad y la falta de pago. Me explican que estos tres negativos menoscaban al menos el 50% del ingreso potencial de la institución. Me tendrán que explicar ¿qué negocio o servicio público que cobra, con suerte, la mitad de lo que debiera, puede servir bien o siquiera sobrevivir sin acabarse?

Los serios problemas operativos y financieros los exacerba la visión populista y politizada que se tiene del suministro de agua y que han impedido reformas duraderas. Con demagogia barata aduciendo abuso al ciudadano, se camuflan el robo, los mala paga o aquellos que simplemente impiden que se les mida el consumo para poder cobrarles. Este no es un problema panameño. En todas partes se politiza el tema del agua con el argumento de ser un derecho humano. Al final, estos argumentos han sido los causantes de la casi gratuidad del agua y con ello de la escasez y la falta de inversión para producirla en forma barata y abundante. Países como la India y algunos africanos ya entendieron que la mejor agua es la que se paga y han cambiado sus esquemas populistas por proyectos públicos o privados (o público-privados) con éxito.

Esta visión populista tiene mucho arraigo y ha sido utilizada muchas veces con éxito para paralizar las iniciativas reformadoras. Por ejemplo, la oposición del arnulfismo a las pretensiones del Toro de reformar el Idaan pesaron en el resultado electoral. Pero, poco o nada de las promesas de campaña respecto del Idaan se materializaron. Así, las cosas han seguido empeorándose. Ahora no es solo falta de agua sino los malolientes efluvios que brotan de los sistemas de alcantarillado excedidos de su capacidad y abusado por el abandono y poco mantenimiento.

Ahora, como una tabla de salvación se ha recurrido a la Autoridad del Canal para que opere algunas potabilizadoras. Temo que esta intervención que parece temporal se convierta en permanente y meta al Canal en problemas políticos y populistas. La Autoridad del Canal debe ser parte integral de una política nacional del uso racional del agua, pero hasta ahí.

Por el bien de todos, creo que hay que apartarse de los populismos y la politiquería y buscar una solución integral de largo plazo. Examinemos, sin pasiones un modelo mixto, mejorado con la experiencia que ya tenemos y enmendando los errores de las primeras privatizaciones. Asegurémonos un modelo ecológicamente sostenible que, además, resguarde los intereses de los ciudadanos, el gobierno y los trabajadores.

Y no comamos del cuento populista del “valor vital” del agua. Así decían en San Miguelito de la electricidad para justificar el despilfarro y los miles de “cangrejos” con que se robaba al IRHE . Hoy con una mejor ley, educación ciudadana, eficiencia y disciplina la gente paga, aprecia y protege su luz. ¿Por qué no el agua ?

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